Tragedia en la cárcel de San Miguel: mueren 81 presos por incendio

Un fuerte incendio en la cárcel de San Miguel dejó este miércoles 8 de diciembre 81 personas fallecidas y cerca de 20 heridas, luego de una riña interna que se originó durante la madrugada en uno de los pabellones del recinto. Aproximadamente a las 6:00 se iniciaron las llamas y se ordenó la evacuación inmediata por parte de las autoridades. El fuego se extendió hasta el tercer piso.

Hasta la mañana se reportan 18 heridos, 14 con riesgo vital. Según, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, los reos “están heridos de gravedad con quemaduras faciales, están entubados con ventilación mecánica”.

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Opinión: “En Chile no hay crisis carcelaria”

Fuente: Alejandro Jiménez, La Tercera

Hemos leído con interés una columna de la directora del programa Seguridad y Ciudadanía de Flacso Chile, Lucía Dammert, publicada en esta sección. Escribir acerca del sistema y las políticas penitenciarias chilenas siempre es bienvenido, en la medida en que focalizan la atención pública sobre un tema que debe convocar a toda la sociedad.

Sin embargo, el artículo nos merece algunos reparos y coincidencias. Nuestro mayor desacuerdo se refiere al título y a las primeras líneas que plantean una crisis carcelaria ligada a los Derechos Humanos. En Chile no existe tal crisis y los DD.HH. se respetan dentro de los recintos penitenciarios. No se deben confundir las limitaciones e insuficiencias del sistema penitenciario chileno, derivadas de la condición de país aún en vías de mayor crecimiento y desarrollo, con una supuesta crisis y ausencia de las garantías individuales que rigen, incluso, dentro de la cárcel. Así es  como debe ser en la democracia que afortunadamente gozamos.

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Opinión: Crisis carcelaria y DDHH

Fuente: Lucia Dammert, La Tercera

Nuestro sistema penitenciario está en crisis. La  llamada de atención del reciente informe de Derechos Humanos del Departamento de Estado de EEUU no es una novedad, pero ratifica un problema evidente.

La población carcelaria ha aumentado significativamente en los últimos años. Más de 50 mil presos cumpliendo condena en las cárceles y 100 mil con medidas alternativas nos sitúan entre los países con mayor tasa de población carcelaria en el mundo. Este incremento no ha ido de la mano con una disminución de la delincuencia. Por el contrario. Los niveles de denuncia de delitos han aumentado o mantenido en el mismo período.

El gran error de las políticas públicas en este tema es creer que la cárcel sirve sólo para castigar cuando, en realidad, debería rehabilitar, resocializar y reintegrar a personas con altos niveles de vulnerabilidad. Las condiciones carcelarias que viven la mayoría de los presos son indignas, no conducen a proceso alguno de reintegración social. En cambio, aumentan los niveles de frustración, violencia y especialización delictual. Lo más lamentable es que nada de lo anterior es una novedad. Diversos estudios realizados en el país han mostrado con elocuencia las complejas condiciones de vida de los presos, los problemas de salud que enfrentan, los limitados avances para disminuir la reincidencia e, incluso, los problemas de violencia al interior de los recintos penitenciarios.

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