Desde el horror y la impotencia

Por Luis Sepúlveda.

Los dos atentados terroristas sucedidos en Noruega nos dejan sin palabras, porque lo ocurrido con la bomba colocada en el centro de Oslo y luego el asesinato en masa de jóvenes socialistas en Utoya hacen que las palabras pierdan valor, que se tornen increíbles, que pierdan su peso e importancia para nombras las cosas, para ordenar el mundo.

Los jóvenes, las chicas y los chicos noruegos que acudieron a la isla de Utoya son lo mejor de la sociedad europea, escandinava y mundial, porque iban justamente a dialogar, a pensar y a asumir decisiones respecto de los complejos problemas que hoy afectan a todas las sociedades. Acudieron a la isla de Utoya movidos por el más generoso de los afanes; el de participar como ciudadanos, el asumir con responsabilidad los problemas que, por lejos que esté Noruega, nos afectan a todos. Sigue leyendo