Libertad para Ai Weiwei

La enorme presencia pública del artista le ha permitido defender los derechos humanos en su país y mostrar la incompetencia de China ante determinados desastres. El régimen ha decidido silenciarlo de manera brutal

Todo el mundo sabe que para un artista la gran sala de turbinas de la Tate Modern londinense, antes central eléctrica, es un espacio difícil de llenar con autoridad. Su inmensidad puede empequeñecer la imaginación de cualquier artista contemporáneo, pero no la de una selecta tribu, que comprende los misterios de la escala y sabe decir algo interesante cuando además hay que expresarlo sirviéndose de un formato enorme. En su momento, la gigantesca araña de Louise Bourgeois se alzó amenazadora en esta sala y el Marsyas de Anish Kapoor, una enorme figura hueca, similar a una trompeta y hecha de un material extensible que parecía una piel desollada, se impuso a ella majestuosamente. Sigue leyendo

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