A la calle companeros, por Manuel Guerrero

A mediados de los ochenta, cuando era estudiante secundario, nos reuníamos adolescentes provenientes de distintas comunas de la región metropolitana cerca de la fuente de Ricardo Cumming con la Alameda, muy cerca del liceo Aplicación, frente al Juan Bosco.
Los encuentros masivos en las esquinas estaban prohibidos durante los múltiples estados de excepción que se vivieron en dictadura. Llegábamos de a dos o tres, y desde distintos puntos observábamos la fuente, como un objeto de deseo inalcanzable, como un lugar vacío imposible de llenar. Sigue leyendo