Una mirada a la memoria

La Nación

17/06/2010

Por Romy Schmidt C., directora ejecutiva Museo de la Memoria

La artesanía carcelaria y el trabajo manual fueron una forma de supervivencia física y moral; todo servía como materia prima, un hueso, una piedra o unas migas de pan.

El Museo de la Memoria cumplió un hito al instalar su primera muestra itinerante fuera de Santiago, a sólo cuatro meses de inaugurado. Valparaíso fue la región escogida y la Universidad de Valparaíso nuestra aliada para llevar esta selección de una parte de su patrimonio al público porteño.

Es muy importante llegar a todo el país con la memoria. Visualizar las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que vivimos en Chile entre 1973 y 1990 nos permite orientar la reflexión en torno a la importancia de fortalecer nuestra democracia, para que nunca más en Chile vivamos los horrores del pasado.

Según diversas investigaciones históricas, Valparaíso fue una región donde se vivió con crudeza la represión del Estado. Es así como la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación nos dice que existieron 151 recintos de detención y tortura en ella. Para dimensionar lo ocurrido en el interior de estos centros del horror, baste decir que hubo 3.400 víctimas; 164 asesinatos, de los cuales 36 personas son detenidos desaparecidos a la fecha.

Otro dato relevante es que estos centros de detención eran principalmente recintos de las Fuerzas Armadas, como el Regimiento Yungay, la Academia de Guerra Naval, diversas comisarías o la Base Aérea de Quintero. Pero también existieron recintos de la civilidad, como la Universidad Católica de Valparaíso, o la Federico Santa María; el Club de Tenis de Llo-Lleo, el Liceo Barros Luco y los buques Lebu y Maipo.

En esta muestra hemos querido relevar además la creación, el arte y el conocimiento. La artesanía carcelaria y el trabajo manual fueron una forma de supervivencia física y moral; todo servía como materia prima, un hueso, una piedra o unas migas de pan. Se crearon talleres para alfabetizar, grupos de música y teatro, en los que a veces también eran espectadores los victimarios.

Decenas de objetos, cartas, artículos de diarios, documentos oficiales que hoy integran el patrimonio del Museo, fueron cuidadosamente escogidos para que, los que no vivimos directamente estas experiencias traumáticas, podamos conocerlos y sacar nuestras propias conclusiones.

Al visitar la muestra, también cabe preguntarse sobre otras trasgresiones a los derechos humanos que no provienen del Estado y que están actualmente en nuestra cotidianidad, donde tal vez seamos cómplices, víctimas o victimarios. Me refiero por ejemplo a la violencia intrafamiliar, el bullying o los abusos en los lugares de trabajo. Cada vez que un hecho de estas características ocurre, es porque como sociedad estamos fallando en proteger el valor de la vida, la integridad y dignidad de la persona humana, el respeto y la tolerancia a las ideas y visiones del otro.

Lo más importante entonces es convertirnos en promotores de los derechos humanos y nadie, sin importar edad, condición social, orientación sexual, religión o nacionalidad, debe ser ajeno a esta responsabilidad.

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