Pobreza cuesta arriba en Chile

Radio Universidad de Chile

14/06/2010

Pese a que en quince años la población ubicada bajo la línea de la pobreza pasó de un 38,6 a un 13,7 por ciento, son más de dos millones de chilenos los que, de acuerdo a la última Casen, viven con menos de 47 mil pesos. El terremoto del 27 de febrero complicó aún más el panorama, que se aleja cada vez más de la promesa del Gobierno de alcanzar el desarrollo en 2018.

Las auspiciosas cifras que arrojaban las mediciones de los últimos quince años, como por ejemplo que la población bajo la línea de la pobreza pasó de un 38,6 por ciento en 1990 a un 13,7 en 2006, según la encuesta Casen que elabora el Mideplan, no parecen concordar con la realidad que quedó expuesta después del terremoto del 27 de febrero pasado.

Una realidad que es común a personas como Don Pedro y su familia, que perdieron su casa durante el maremoto que devastó Dichato y que hoy viven en una de las más de trece mil mediaguas que se construyeron como solución habitacional para los afectados de la catástrofe.

Como muchos de los cerca de dos millones de damnificados, Don Pedro tenía una vivienda sólida, electrodomésticos y formaba parte de la denominada “clase media” chilena. Hoy, su esposa y sus tres hijos, deben ingeniárselas para adaptarse a una mediagua, espacio que originalmente había sido diseñado para erradicar los campamentos y dar un techo a las personas que vivían en condición de pobreza e indigencia.

Pero además, a marzo del 2010 la Dirección del Trabajo contabilizaba más de ocho mil despidos denunciados a causa del cataclismo, lo que disminuyó la capacidad de generar ingresos de miles de jefes de hogar de las zonas afectadas y a más de tres meses de la catástrofe son miles las familias que viven como allegadas y cientos de personas aún no tienen un acceso expedito a la salud.

Ese es el panorama que se dibuja entre las regiones de Valparaíso y el Bío- Bío, que concentran cerca del 80 por ciento de la población del país. Un escenario que pone en entredicho la promesa del Gobierno de acabar con la pobreza, derrotar la indigencia en 2014 y alcanzar el desarrollo en 2018.

Para el académico de la escuela de Administración y Economía de la Universidad Católica Silva Henríquez, Marcelo Yáñez, “no cabe ninguna duda que el terremoto genera un escenario de precariedad en una parte importante del país. Las personas y familias que antes tenían resueltas sus necesidades de vivienda, vestuario, de alimentación y salud y que se vieron damnificadas, harán que las cifras necesariamente sean más negativos que los que se venían observando antes”.

En Chile, la pobreza se mide a través de la encuesta Casen. Este instrumento traza la línea de la pobreza y de la indigencia en función de los recursos que dispone una familia para adquirir una canasta básica de alimentos. Para el 2006  el umbral de la pobreza se trazó en los 47mil 099 pesos, mientras que la de indigencia en 23 mil 549 para zonas urbanas. En tanto, en las zonas rurales, el límite se puso en los 31 mil 756 pesos para la pobreza y en  18 mil 146 para la indigencia.

Si consideramos que un kilo de pan cuesta en promedio 700 pesos, un litro de leche 500 y un pasaje en Transantiago 480 a partir del jueves, en un mes se gastarían 48 mil 980 pesos. Es decir, a más de dos millones de chilenos no les alcanzaría ni si quiera para costear estos tres elementos.

Por lo mismo, una mayores críticas que se le hacen a la encuesta Casen es precisamente que el ingreso, como indicador único, no capta la realidad que vive la mayoría de la gente de menores recursos.

Por otro lado, la catástrofe detonó situaciones que complejizan aún más la situación en el  país. De acuerdo a un informe de la Fundación para la Superación de la Pobreza, los hogares que caen en esta situación están compuestos en promedio por 4,6 integrantes, lo que complicaría el panorama de las casas que ahora viven con allegados. Asimismo, los índices de pobreza son mayores en las provincias y en los sectores rurales, que precisamente fueron las zonas que sufrieron los peores embates del terremoto.

Es por eso, que el Gobierno decidió coordinar un Panel Casen Post terremoto para tener datos actualizados sobre la situación de las personas en las zonas afectadas. Según indicó Luis Díaz, jefe de la división social del Mideplan, la herramienta tendrá “un módulo adicional que analizará el impacto psicosocial del terremoto que está orientado a tratar de detectar el efecto en el bienestar de las familias por el trauma o la experiencia de haber tenido que enfrentar esta situación”.

Sin embargo, las deficiencias que plantea este tipo de medición en relación con instrumentos que se están aplicando en el mundo, dejan a Chile lejos de los tan anhelados indicadores de los países europeos desarrollados.

Mejor medición, mayor pobreza

Aunque durante los últimos años la encuesta Casen ha tratado de cubrir la mayor cantidad de ámbitos posibles, continúa flaqueando en relación a los estándares a nivel global.

Los esfuerzos internacionales han apuntado hacia una concepción más global de pobreza, “que intenta atender de mejor manera la concepción que se tiene hoy del conjunto de derechos económicos, sociales y culturales, involucrando aspectos como la entretención, la cultura y que en Chile no están incorporados de manera directa”, explica Marcelo Yáñez.

De hecho, ya se han comenzado a aplicar distintos mecanismos en diferentes partes del mundo que toman en cuenta estos aspectos. La Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI) de la Universidad de Oxford está implementando un instrumento que más allá de medir el nivel de ingresos, apunta a detectar las privaciones de las familias en ámbitos como desnutrición, salud, educación y empleo.

En un seminario organizado por la Cepal, el Ministerio de Planificación (Mideplan) y la Fundación para la Superación de la Pobreza, la directora del programa de la OPHI, Sabina Alkire, ejemplificó el método señalando que “en Perú el 21 por ciento de los niños que son desnutridos vienen de hogares que, de acuerdo a la medición de ingresos,  no son  pobres”.

La región de Bushan, entre India y China, adoptó el “Índice de la Felicidad Nacional”, que contempla el estándar de vida y la vida cultural, entre otras cosas. Si en nuestro país se llegara a aplicar una medición como esta, probablemente los resultados no serían auspiciosos, ya que, por ejemplo, una de las principales conclusiones del el informe anual sobre Cultura y Tiempo libre elaborado por el INE es que los grupos de mayores recursos tienen un acceso continuo y elevado a libros, cine y espectáculos artísticos en vivo y que, por el contrario, la población de bajos ingresos accede a la cultura a través de medios de comunicación como radio y televisión.

Por eso el desafío que tiene Chile en este sentido no es fácil. La Cepal informó que durante el segundo trimestre del 2010 cambiaría la medición de la pobreza en los países de América Latina, incluido el nuestro. La modificación estaría basada en los cambios significativos que ha sufrido la estructura del consumo de las personas y el aumento del ingreso per cápita. En tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) informó que reemplazará la medición de la pobreza por un índice multidimensional para cerca de cien países.

Y aunque los expertos no han querido adelantar posturas respecto de esto, todo apunta a que con un método más exigente y, más aún teniendo en cuenta las consecuencias del cataclismo, la pobreza en Chile podría aumentar de forma sustancial.

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