Cesantía a domicilio

Fuente: www.elclarin.cl

Coquimbo.- Un centenar de mineros de Coquimbo amaneció en huelga el 1º de mayo, mientras miles seguían sin encontrar empleo. Minera Tambillos, a treinta kilómetros al sur de Coquimbo, propiedad del empresario Francisco Javier Errázuriz, pretendía rebajarles el esmirriado sueldo con la promesa de no despedirlos. Según los trabajadores, cada día de huelga le significa al yacimiento de cobre una pérdida de 19,6 millones de pesos. Pero la empresa prefiere las pérdidas a aumentar los sueldos o mejorar condiciones laborales.

En Coquimbo la actividad minera sigue en baja, mientras el desempleo oficial se empina sobre el 8,5 por ciento. Según el INE, la fuerza de trabajo de la IV Región continúa decreciendo (bajó un 1,5 por ciento respecto del mismo periodo del año anterior). Muchos ya ni siquiera buscan trabajo: simplemente no lo hay.

La cesantía se podría agravar aún más. Los agricultores de Pan de Azúcar serán afectados por la extracción de agua que hará Minera Carmen de Andacollo, que ya tramitó ante la Comisión Nacional del Medio Ambiente permisos para ampliar faenas de su Proyecto Hipógeno. La minera extraerá 340 litros por segundo en El Culebrón -actualmente se extraen 516 litros por segundo para bebida, riego y procesos industriales-, lo que significará la muerte de las faenas agrícolas. Se opone la sanitaria Aguas del Valle, que abastece a Andacollo, Tongoy, Guanaqueros, Puerto Velero y Playa Blanca, además de los sistemas de agua potable rural de Pan de Azúcar, Nueva Vida, El Manzano, Totoralillo, Las Alcaparras y Las Barrancas. Menos agua significa menores cosechas y menos trabajo. Pan de Azúcar proporciona unos tres mil empleos y están en riesgo Tongoy y Guanaqueros, que viven del turismo.

En la Región de Coquimbo miles de mineros están cesantes. Tras el inicio de la crisis económica varias mineras cerraron o despidieron personal. Van más de 1.500 despidos de mineros en la IV Región, que representan el 12 por ciento del total nacional. Además, 6.900 pirquineros no trabajan por el bajo precio del cobre. La Empresa Nacional de Minería intenta evitar que el 40 por ciento de los pequeños y medianos mineros queden sin trabajo. Desde octubre de 2008 que el cobre está en baja. Los gremios mineros dicen que, a diferencia de la crisis de los 90, el gobierno no adoptó medidas necesarias para apoyarlos. Sólo siguen en pie grandes empresas como Minera Los Pelambres -del grupo Luksic-, Minera Carmen de Andacollo -de Teck Cominco, de capitales canadienses-, Pan Pacific Copper -de capitales japoneses-, y Barrick Gold, la misma de Pascua Lama, con su termoeléctrica en Punta Colorada, en La Higuera.

Desde 2001 que no se observaba una variación negativa de la ocupación. “Si en verano aumentó el desempleo, cuando los valles del interior estaban en periodo de faenas agrícolas y el auge turístico estaba en peak, peor será en invierno. Las autoridades ocultan las verdaderas cifras de cesantía. Acá ya superan los dos dígitos. La mayoría de las empresas agrícolas operan a menos de media máquina y el comercio y la industria han comenzado la temporada baja. No hay empleo”, dice Álvaro Rodríguez, de 43 años, cesante de Coquimbo.

Para los economistas Orlando Caputo y Graciela Galarce, el total de desocupados supera en el millón y medio de trabajadores: “Al aplicar el porcentaje total de personas tipificadas como ‘Inactivos con Deseos de Trabajar’ (16,8 por ciento), calculada por la Universidad de Chile, al total de Inactivos del país, según el Instituto Nacional de Estadísticas, la Fuerza de Trabajo Real aumenta a 8 millones 226 mil personas. La desocupación real supera el millón y medio de personas, que corresponde a una tasa de desocupación real de 19,2 por ciento. El gran desempleo real de los últimos meses es el indicador económico y social más significativo que confirma que Chile está en recesión con disminuciones de la producción a partir del tercer trimestre de 2008”, señalan. Según la Superintendencia de Pensiones, entre enero y febrero 192 mil trabajadores cobraron el seguro de cesantía. La crisis ha significado no sólo rebaja de salarios, sino también hostigamientos y aumentos de jornadas. El Instituto Nacional de Estadísticas registra un 24,3 por ciento de desempleo en la construcción. Sindicatos han denunciado jornadas de hasta 60 horas semanales, por el mismo sueldo.

APRETARSE EL CINTURÓN

Álvaro Rodríguez nació en la Región de Coquimbo. Sus dos pasiones fueron el deporte -practicó natación, buceo y rugby-, y la lucha contra la dictadura. La última le costó pasar doce años y cuatro meses en prisión. A fines de los 80 estudió fotografía en Santiago. Tras un largo paréntesis, a principios de 2003, formó una familia. Tiene dos hijas gemelas de cuatro años. Pero no encuentra trabajo. Su compañera trabaja en la Universidad de La Serena, aunque sin contrato estable. Alvaro dedica el día a trabajar en casa: cuida a sus hijas, las lleva al jardín infantil de Fundación Integra, prepara desayuno, almuerzo y cena, y hace las labores domésticas. Lleva así varios meses, desde que lo despidieron de una empresa subcontratista que hacía trabajos para varias mineras de la IV Región.

“Me despidieron ‘por la crisis’. Hubo varios recortes de personal y salí ‘sorteado’… Aunque siempre hay posibilidades de volver, según me dijeron, no me hago muchas ilusiones. Acá en Coquimbo se ve que el desempleo seguirá aumentando”, dice.

Según el gobierno, el crecimiento del desempleo se explica por la crisis. Sin embargo, muchas empresas la han aprovechado como excusa para despedir y modificar unilateralmente los contratos, congelar beneficios, o simplemente contratar personal por menor remuneración. Según la ministra del Trabajo, Claudia Serrano “la cifra de 9,2 por ciento de desempleo nos mantiene atentos, pero nos demuestra que estamos haciendo las cosas bien”. La presidenta Bachelet admite que el 9,2 por ciento “no es una cifra que nos produzca alegría”. Gremios y economistas advierten que los episodios de alto desempleo continuarán. El propio ministerio del Trabajo reconoció que en los meses de junio, julio y agosto aumentó aún más la tasa de desempleo. Los empresarios presionan para aprobar el despido unilateral, la indemnización a todo evento y “perfeccionar” -en su beneficio-, la negociación colectiva.

“Me vi obligado a regresar a Coquimbo pues en Santiago las cosas no se veían bien. Medité mucho si regresar o no, y me decidí, pues en ese momento en Coquimbo había más posibilidades de trabajo”, dice Rodríguez. En Santiago trabajó cinco años en la imprenta PRINTEX Limitada, frente al Estadio Santa Laura, en la comuna de Independencia, donde ingresó como ayudante por el sueldo mínimo: “Terminé de vendedor, en Comercial NAHUEL, otra razón social de la misma empresa, ganando, se suponía, el doble… Pero hubo graves problemas laborales… Pagaban tarde, mal y nunca; desconocían bonos y beneficios. Varios trabajadores debimos recurrir a la Inspección del Trabajo para que nos pagaran el sueldo. Pero la empresa prefería pagar multas a arreglar los problemas. Querían entregarnos el sueldo a goteras”, dice. Quienes intentaron organizarse y dar nacimiento a un sindicato fueron despedidos. Tras varios meses sin trabajo, Álvaro Rodríguez estuvo algunos meses trabajando de cuidador y “piscador de fruta” en fundos de Alto Jahuel, hasta que surgió la posibilidad de trabajo en Coquimbo. “Decidí a volver a casa de mis padres, en la población El Llano, cerca de la bahía de La Herradura, por la posibilidad de trabajo en la IV Región”, dice.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas -cifras de abril de 2009-, en la IV Región la fuerza de trabajo registra una disminución del 4,7 por ciento, que representa la cesantía para 11.835 personas. El desempleo se desglosa de la siguiente forma: Provincia de Elqui, 7,8 por ciento; Provincia de Limarí, 8,1 por ciento, y Provincia de Choapa, 10,8 por ciento. Registran un aumento, en comparación con el mismo periodo del año anterior, de 2,9 por ciento, 3,8 por ciento y 2,8 por ciento, respectivamente. Son cifras preocupantes. Sectores agrícolas han sido perjudicados, debiendo adelantar sus cosechas, quedando un número importante de obreros agrícolas sin empleo. Pero las agroindustrias se han aprovechado de la crisis, despidiendo y recontratando a menor costo. También la baja en el precio del cobre ha significado más cesantía. Según las autoridades, Coquimbo ha hecho grandes esfuerzos para generar cupos de empleo a través del programa Mejor Trabajo y de la Oficina Municipal de Intermediación Laboral (OMIL). La Serena registra una tasa de desempleo del 8,0 por ciento, aumentando en 2,6 por ciento en comparación al igual periodo del año pasado. En Coquimbo el aumento fue de un 3,9 por ciento. Según la última encuesta de Ocupación y Desocupación de Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, en el Gran Santiago el desempleo registró un 12,8 por ciento. La mayor tasa de desocupación desde septiembre de 2003. El último sondeo, correspondiente a diciembre de 2008, había registrado una tasa de desocupación de 9,7 por ciento. Entre los adultos el desempleo registra un 11,7 por ciento, mientras que entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanza el 21 por ciento. “Para muchas familias el sueldo del jefe de hogar representa la única o la principal fuente de ingresos… Perder el trabajo, al igual que no encontrar uno durante meses, estresa y tensiona a toda la familia… Se postergan muchos proyectos. En nuestro caso hemos debido apretarnos el cinturón, eliminar gastos y tratar de economizar”, dice Álvaro Rodríguez. Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica 2006, el 26 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de entre 7 y 17 años que permanecían fuera del sistema escolar daban como razón que “trabajaban, buscaban trabajo, tenían problemas de dinero o ayudaban en los quehaceres del hogar”. Y es que la crisis económica impacta con mayor dureza a las familias más vulnerables. Jóvenes de escasos recursos no tienen suficientes habilidades para ingresar al mercado laboral, ni tienen el dinero para cubrir los costos de su educación.

“Mi compañera y mis hijas vivieron varios meses en Santiago, en la casa de mi suegro. Para nosotros era difícil vivir de allegados, aunque afortunadamente pudimos salir adelante… Finalmente, me las traje a Coquimbo. Cuando quedé sin empleo mi compañera encontró un trabajo. Ahora estoy preocupado de las labores de casa, de atender a mis padres, de cuidar a mis hijas. De vez en cuando surge la posibilidad de preparar colaciones o instalar riego por goteo en algún predio, etc. Son trabajos precarios y esporádicos. Pero no se puede depender de ellos para vivir”, dice Álvaro Rodríguez. “El dinero no luce como antes… Me preocupa que mi hijo no tenga trabajo… Cuando enfermamos, hace poco tuve un alza de presión y una otitis de la que me estoy recuperando, o cuando enferman mis nietas de los bronquios o de algún resfrío, es una angustia no saber qué hacer… si habrá dinero suficiente para atenderlas. Y es que la salud es cara y la atención en el Servicio de Salud de Coquimbo no es muy buena. Atenderse en forma particular es muchas veces salirse del presupuesto”, agrega la madre de Álvaro , Elena Escobar, de 81 años. El Servicio de Salud de Coquimbo es el segundo más endeudado del país, con una deuda que supera los tres mil millones de pesos. Sólo el Hospital de Coquimbo, que se está ampliando desde hace meses, tiene una deuda de 1.600 millones de pesos, lo que también se ha traducido en despidos.

“Muchos cesantes ni siquiera se inscriben en la OMIL. Para otros, inscritos hace meses es sólo una pérdida de tiempo ir a ver las listas de empleo”, dice Álvaro Rodríguez. Lo que ocurre en Coquimbo sucede en las regiones de Valparaíso, Bío Bío y La Araucanía, por nombrar las que poseen los mayores índices de desempleo. En Coquimbo, las autoridades implementaron un Programa Agropecuario para pequeños productores campesinos del secano, que se dice beneficiará a unas cuatro mil familias a través de Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap). Pocos creen que esos dineros lleguen a quienes más los necesitan. Otro sector afectado por la crisis es el gremio de los pescadores artesanales. Las caletas de Peñuelas, Guayacán, La Herradura, Guanaqueros y Tongoy han visto mermar sus ingresos y las cuotas de captura, prácticamente en un 30 a 40 por ciento. El año pasado, los pescadores artesanales se movilizaron contra la pesca de arrastre y para oponerse a la fijación del precio de la jibia por parte de las pesqueras de la zona, principalmente la Pesquera San José -ex Coloso-, propiedad del Grupo Lecaros en sociedad con el Grupo Angelini. Desde hace décadas la principal labor del sector es la elaboración de harina de pescado. “Cuando no tienes trabajo te alimentas mal, no cubres tus necesidades básicas… Pero por lo menos acá en Coquimbo uno puede ir a la caleta Guayacán y comprar pescado o mariscos a bajo precio, cuando hay… Aunque, cuando es temporada de turismo todos los precios suben un porcentaje importante en las tiendas, negocios, ferias y terminales. A quienes somos vecinos, en enero y febrero igual nos cobran el ‘precio de turista’… En la Región la locomoción es un lujo. Viajar de Coquimbo a La Serena, es carísimo. Son menos de treinta minutos. Pero cuesta mil pesos diarios, ida y vuelta… Olvídate pensar en colectivos o si debes tomar dos micros para llegar a algún lugar a trabajar. No hay bolsillo que resista”, dice Álvaro Rodríguez.

“Mi gran preocupación son mis hijas. Quisiera encontrar un empleo que me dé algo del tiempo que he podido estar con ellas, verlas crecer y educarlas… Lamentablemente, mi labor en casa no genera recursos. Lavar ropa, cocinar, educar a mis hijas, atender a mis padres, hacer el aseo, son labores importantes en el hogar pero que no generan recursos… Vivimos estrechos… ni pensar en enfermarse o en gastos extras. Afortunadamente mis padres son dueños de la casa. Ellos tienen una pequeña jubilación. Mi padre fue trabajador ferroviario y fue exonerado por la dictadura”.

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y OPINIONES VERTIDAS EN ESTE BLOG NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE LA POSICIÓN DE AMNISTÍA INTERNACIONAL  – CHILE.

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