Los derechos del pueblo romá

Por Rodrigo Valenzuela Fernández*/VIllano invitado

El hecho que el nomadismo de los romá les ha vedado la posibilidad de controlar territorios al interior del país, no implica que sean considerados menos “chilenos” que otros habitantes. En Chile se desconoce cuántos son los romá ni cuales son sus demandas y propuestas. El 169 constituye, entonces, una oportunidad para asegurar condiciones de bienestar que, históricamente, les han sido negadas.

Los derechos del pueblo romá

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En diciembre de 2008 se instaló un campamento de gitanos en un sitio eriazo aledaño a la Población Antonio Varas Norte, en Puerto Montt. Dicho campamento estaba constituido por unas 15 carpas y 50 personas aproximadamente, 30 de las cuales eran niños. Desde ese mismo momento, los vecinos de la población expresaron su preocupación por la forma de vida de los gitanos. Al no disponer de agua potable ni sistemas de eliminación de excretas, muy pronto la acumulación de basuras y la presencia de roedores, hizo insalubre el lugar. En marzo de 2009, los vecinos presentaron un escrito a la autoridad sanitaria regional, denunciando las condiciones de vida al interior del campamento. En respuesta un fiscalizador visitó el sector y decidió citar al dueño del predio.

El 15 de marzo de 2009, en una calle cercana al campamento, se produjo el atropello de un joven con consecuencia de muerte. Testigos dicen que se trataba de un vehículo blanco cuyo conductor se dio a la fuga. El 9 de abril siguiente, un vecino de la misma población, advirtió que en una de las carpas del campamento, había un vehículo blanco que estaba siendo desarmado y que respondería a las características del vehículo que atropelló y dio muerte, al joven puertomontino.

Esa tarde del mismo 9 de abril, alrededor de 300 vecinos de la población, creyendo que en el lugar se encontraba el presunto autor del atropello; rodearon el campamento e impidieron que los gitanos dejaran el lugar. Los incidentes comenzaron cuando los pobladores prendieron fuego a las carpas, a seis vehículos, enseres y el resto de los bienes de los gitanos. Mientras ardía todo, los atacantes pedían a las autoridades ―”a viva voz”—, que nunca más dejaran entrar gitanos a Puerto Montt.

Dada la magnitud de la violencia desplegada, las familias afectadas se refugiaron en una Comisaría cercana y las autoridades enviaron un contingente de Carabineros y se avisó a Bomberos, quienes no pudieron ingresar al sitio para extinguir las llamas, dado el rechazo de los vecinos. El fuego debió ser apagado por un carro lanza-agua de la policía uniformada. Pese a la exaltación de la gente, que además apedreó el carro lanza-agua de la policía, no hubo detenidos.

La investigación del atropello —hecho detonante de los sucesos— quedó en manos del Fiscal de Puerto Montt, quien concluyó que los gitanos estaban eximidos de eventuales responsabilidades en los sucesos del accidente automovilístico.

Lo paradójico es que el 8 de abril se conmemoraba en el mundo el Día Internacional del Pueblo Rom —mal llamados gitanos—, es decir, solo un día antes de lo que la prensa local calificó como “tarde de furia”. Perfectamente, se puede concluir que en este caso, operó un prejuicio discriminatorio hacia los “gitanos”. Demás está decir que el pueblo rom en Chile, es al que más le afecta la discriminación y la xenofobia. Los hechos relatados, no tienen precedentes en la historia del país y la lección indica que no se puede ni se debe hacer justicia por las propias manos, dado que es ahí en donde se cometen graves equivocaciones.

Una historia de xenofobia hacia el pueblo romá

Desde la Edad Media, en Europa, se ha declarado a los gitanos “rebeldes, contumaces y bandidos públicos” y se permitía que cualquier persona pudiese libremente ofenderlos, matarlos o “prenderlos” sin incurrir en pena alguna, pudiendo ser llevados vivos o muertos ante los jueces. Se permitía en aquella época que siendo habidos, podían ser arrastrados, ahorcados o “hechos cuartos y puestos por los caminos y lugares donde hubieren delinquido”. También se autorizaba a que sus bienes pudiesen ser confiscados y se les prohibía que hablaran su lengua, que vistieran según su costumbre o que practicaran sus tradiciones.

De esta manera, se instauró social y culturalmente la tortura, el destierro y exterminio contra los romá. Fueron declarados traidores al Cristianismo, espías a sueldo de los turcos y portadores de la peste. Los acusaron de brujería, secuestro de niños y bandidaje. Se les impedía ejercer sus oficios o salir de sus aldeas. En algunos casos se llegó a autorizar que los adultos fuesen ahorcados sin juicio y los jóvenes y las mujeres mutilados. Esta es una larga historia de tragedias que perdura hasta los tiempos modernos. Los nazi, por ejemplo, persiguieron y exterminaron a más de medio millón de gitanos quienes murieron en los campos de concentración y en las cámaras de gas.

El racismo contra el pueblo romá se incrementó durante la Guerra Fría. Sufrieron palizas, persecuciones y asesinatos cometidos no sólo por bandas de neonazis sino también por oficiales de la ley y agentes de los gobiernos, coartando sus aspiraciones políticas como pueblo.

En Chile, “gitano” se asocia a “vagabundo”, “antisocial”, “embustero”, “charlatán”, “sucio” o “ladrón”. Desde antiguo se ha escuchado el parafraseo de que “los gitanos roban y comen niños”. En la ciudad de Temuco (Chile), por ejemplo, que es donde se ubica la comunidad rom más importante del país, se cuenta que cuando un gitano compra una casa en un barrio cualquiera, casi automáticamente sus vecinos comienzan a vender sus propiedades.

La voz del pueblo rom en Chile —su Rey Lázaro Yovanovich y los dirigentes de la zona sur, Emilio García, Carlos Beronich y Francisco Nicolić—, han expresado repetidas veces su preocupación ante la flagrante violación de sus derechos. Nicolić, dirigente del campamento afectado en Puerto Montt, cuenta que los damnificados por el violento episodio, los días siguientes no pudieron instalarse en ningún punto de la región dada las reacciones negativas de la gente. Por esta razón decidieron migrar a Temuco. Nicolić cuenta que nunca nadie los había tratado tan mal y que el miedo se había apoderado de las familias.

El Convenio N°169 de la OIT y el pueblo romá

Entre los instrumentos internacionales protectivo de los derechos colectivos de los pueblos, se encuentra el Convenio N°169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), recientemente ratificado por el Gobierno de Chile y que debe entrar en vigencia en septiembre de 2009. Este instrumento alusivo a pueblos indígenas y tribales, es la herramienta de protección de derechos colectivos más importante en el escenario actual, dado que obliga al Estado que lo ratifica a generar condiciones de respeto y desarrollo para los pueblos en el marco de la consulta y la participación.

El Convenio hace referencia a dos categorías distintas de pueblos, como sujetos de derecho: los indígenas y los tribales. En la definición de la OIT, la diferencia entre ambos tipos de pueblos, estriba en que el primero es aquel que mantiene continuidad histórica como sociedad en un mismo territorio y cuya estadía precede a la ocupación o la colonización, en tanto que tribal se refiere a otros pueblos que llegaron después y, a la vez, se distinguen del resto de la sociedad por sus condiciones económicas, sociales y culturales o por su estatus legal en el derecho interno del Estado. Es decir, los pueblos tribales, como es el caso del pueblo rom, son migrantes de otros sitios de la Tierra.

El pueblo romá, tiene su origen en la región de Luristhan (estado de Rajasthan, Pundjab-Cachemira, India). Desde allí iniciaron su diáspora hacia el 900 d.C. Su antigua designación —lurí— derivaría del Luristhan, tierras de asentamiento de los pueblos lurí y dom, los que al ser invadidos por el imperio de Mahmud Gani y forzados a la esclavitud, comienzan su migración histórica. Durante este tiempo, dom se reemplazó por rom (singular y masculino), romni (singular y femenino) y romá (plural). Es un error que al pueblo rom se le llame como “gitano”, “gipsy”, “sinti”, “manuche”, “zíngaro”, “romanichel” o “nómadas”, ya que ello hace parecer que se trata de pueblos diferentes, unidos por problemas similares. Bajo cualquiera de estos nombres, son sujetos de derecho.

A diferencia de otros pueblos, que sustentan su cultura en estrecha relación con un territorio, entre los romá los valores fundamentales están definidos por la itinerancia, frente a otras sociedades que los han discriminado.

Por este nomadismo los romá han sido vistos como “un grupo reacio a honrar la normalidad establecida”, lo cual probablemente explica la persecución. La invisibilidad ha sido una estrategia ante el menosprecio. Hoy, la población rom se estima en aproximadamente 22 millones de personas en el mundo y en América en alrededor de cuatro millones, principalmente en Brasil y en Estados Unidos (un millón en cada país) existiendo importantes comunidades en Canadá, México, Argentina, Colombia, Venezuela, Ecuador, Uruguay y Chile.

En América del Sur, otro pueblo considerado tribal es el maroon, compuesto por población afrodescendientes de los bosques húmedos tropicales de Surinam y Guyana Francesa. A ellos el Convenio N°169 no se les ha aplicado aún, dado que Surinam y Francia no han ratificado este instrumento de derecho internacional.

Es común que se piense que el Convenio N°169, fue diseñado solo para los pueblos indígenas, desconociéndose que sus disposiciones son extensivas a los pueblos tribales. Esto ha generado la aplicación de una “política asimétrica” en los derechos otorgados a pueblos indígenas y a pueblos tribales por parte del Estado. En diversos países el Convenio ha sido aplicado y reglamentado en asuntos relacionados solo con los pueblos indígenas, pero continúa sin desarrollo lo que respecta a los pueblos tribales.

Los pueblos indígenas han ganado en capacidad de negociación y reconocimiento en instancias nacionales e internacionales. El pueblo rom, por estas razones históricas, se ha mantenido en la completa invisibilidad dada la ignorancia de los Estados y las sociedades mayoritarias nacionales. Todavía a los romá se les ve como extranjeros, advenedizos o recién llegados a donde quiera que se instalen. En conjunto, todos hemos negado su etnicidad e identidad cultural y, lamentablemente, aún persiste la idea que es posible “prenderlos” allí donde estén.

Chile, el Convenio N°169 y el pueblo romá

Los romá, en diversos países de América Latina han desplegado sus esfuerzos para lograr que las disposiciones del 169 les amparen. Buscan que se redacten las disposiciones legales en la legislación doméstica a fin de proteger sus derechos. Un aspecto importante contenido en el Convenio, es lo referido a los pueblos que viven en países distintos, ante lo cual los gobiernos deben garantizar que sus integrantes puedan comunicarse y moverse libremente a través de las fronteras. El nomadismo de los romá, los hace tener una proyección transnacional y, consecuentemente, les lleva a ocupar espacios en nichos nacionales diversos.

Desde el momento que Chile ratificó el Convenio N°169 de la OIT debe reconocer y proteger los valores y prácticas sociales, culturales, religiosas y espirituales, tanto de los pueblos indígenas como de los tribales, poniendo atención a los problemas que les afligen.

El hecho que el nomadismo de los romá les ha vedado la posibilidad de controlar territorios al interior del país, no implica que sean considerados menos “chilenos” que otros habitantes, sobre todo si se tiene presente que nunca han tenido una especie de patria de referente. Hoy ningún romá reivindicaría el retorno a la India como “patria ancestral”, como si lo hacen los judíos con Israel, los árabes con Palestina o los kurdos con Kurdistán. El pueblo rom llegó a América mucho antes que se constituyeran las actuales repúblicas y, en ese sentido, preexisten a muchos proyectos estatales actuales.

En Chile se desconoce cuántos son los romá ni cuales son sus demandas y propuestas. Se estudia la posibilidad de incorporarlos al Censo del 2012 y para ello hoy se redacta una pregunta de prueba. Sin embargo, más allá de este esfuerzo, no hay disposiciones explícitas que defiendan los derechos del pueblo rom. Este vacío legal ha derivado en la ausencia de instituciones públicas que tengan como función principal la protección de una opción cultural propia. Desde el punto de vista de las políticas públicas, los romá simplemente no existen. El 169 constituye, entonces, una oportunidad para asegurar condiciones de bienestar que, históricamente, les han sido negadas.

Todo esto podría traducirse en un estatuto de protección cultural para los romá, que apunte a garantizar la integridad de sus tradiciones, a mejorar sustancialmente sus estándares de vida y a construir fórmulas de relación que no impliquen ni su asimilación, ni la pérdida de su identidad. Los romá hacen parte de la diversidad cultural de Chile, por ello, el Estado tiene la obligación constitucional y legal de garantizar el ejercicio de sus derechos colectivos, como un paso inicial para hacer justicia a todos quienes somos del país.

Se debe trabajar porque se reconozca desde las políticas públicas su aportación a la historia, la cultura, el arte y la economía de las sociedades en las cuales se han establecido. Dado que se les iguala a minorías étnicas o “comunidades locales“, no pueden participar ni dentro del país en que viven ni a nivel internacional como pueblo, excluyéndoseles de la discusión de asuntos tales como financiamientos para proyectos de desarrollo, políticas educativas, salud, vivienda o construcción de la democracia.

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y OPINIONES VERTIDAS EN ESTE BLOG NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE LA POSICIÓN DE AMNISTÍA INTERNACIONAL  – CHILE.

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