Barrio Concha y Toro bajo amenaza: municipio y empresarios quieren “subirle el pelo”

La Fuente: www.elsitiodeyungay.cl


El histórico barrio en el centro de Santiago ha sido epicentro de desalojos y presiones para que los vecinos o centros culturales dejen las casonas que ocupan. ¿Las razones?: empresarios y el municipio tienen proyectos turísticos en la zona que no incluyen las tradiciones de quienes viven ahí hace décadas.
Es un placer recorrer las estrechas calles del barrio Concha y Toro de Santiago Centro. A pasos del Metro República, al norte de la Alameda, la hermosa distribución de los adoquines en las callejuelas impide levantar la vista por algunos instantes, pero cuando se logra hacerlo es imposible bajar los ojos, porque las casonas están repletas de detalles que dan cuenta de una multiplicidad de historias que parecen fantasmales.

Entre escudos, faroles, arcos y puertas enormes que asemejan las de castillos medievales, es imposible no sentir un dejo de desaliento al ver vidrios rotos, ventanas clausuradas y puertas que no se volvieron a abrir más.

La tranquilidad se respira a poco más de una cuadra de la bulliciosa Alameda y los vecinos que allí viven no cambian por nada esa sensación, sobre todo quienes se toman su tiempo para sentarse a conversar frente a la fuente de agua de la Plaza de Libertad de Expresión.

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Uno de ellos es Luis Antonio Guerra Baeza, quien es reconocido por sus vecinos, pues lleva más de 40 años al mando del almacén El Sol, característico del barrio declarado Zona Típica el 19 de mayo de 1989. En rigor, heredó el negocio de sus padres, quienes lo abrieron en 1968. Desde su mesón ha visto pasar a todo tipo de personas, desde los grandes aristócratas de antaño hasta los frecuentes turistas que día a día pasan mirando, cámara en mano, todos los detalles del entorno.

Luis es de esas personas que, sin duda, forma parte de la tradición y de la cultura de un barrio. Sin embargo, su historia se entrelaza con un proceso que justamente busca rescatar esos valores patrimoniales en el corazón del Santiago antiguo.

Así lo asegura el alcalde de la comuna, Pablo Zalaquett, quien afirmó a Radio Universidad de Chile que “queremos recuperar un Santiago más seguro manteniendo sus tradiciones, una Santiago con cultura”.

Una apuesta loable, pero contradictoria si se el actuar del municipio.

El pasado 28 de julio, el Galpón Víctor Jara y la fundación del mismo nombre fueron clausurados y desalojados, por funcionarios municipales, acompañados de fuerza policial.

El 14 de julio, once personas fueron detenidas durante el desalojo de la casa Okupa AKI, en el barrio República.

Estos desalojos son parte de un proceso que reconoció el mismo Zalaquett por razones de “seguridad ciudadana ante múltiples de reclamos” de vecinos, locatarios y empresarios de los distintos sectores que están dentro de un proceso de renovación dentro de la comuna.

El jueves 18 de junio, los detenidos fueron seis en el violento cierre del Centro Cultural AINIL, en el barrio Concha y Toro, al lado del almacén que atiende Luis Antonio Guerra.

Algunos días después, el 30 de junio, llegó hasta el almacén El Sol, Juan Salvo, inspector municipal, con una hoja en su mano que ordenaba el desalojo de su negocio.

El documento, emanado el 12 de mayo desde las oficinas de la Dirección de Obras del municipio, declara la “inhabilidad con desalojo de ocupantes ilegales del inmueble ubicado en calle Concha y Toro N°s. 52 – 54-A y 54-B por encontrarse emplazado en Zona típica de ‘Sector Calle Concha y Toro’, destinado originalmente a vivienda y en la actualidad funciona como taller y comercio, sin contar con el respectivo cambio de destino, infringiendo el artículo 145° de la Ley General de Urbanismo y Construcciones”.

El artículo en cuestión menciona que “los inmuebles construidos o que se construyan, según los permisos municipales, para viviendas no podrán ser destinados a otros fines, a menos que la municipalidad respectiva autorice al cambio de destino y el propietario obtenga la aprobación de los planos y pague el valor de los permisos correspondientes, cuando procediere”.

Pero hace 41 años Luis Guerra tiene un permiso municipal y año a año paga la patente de su local comercial.

La Ley continúa: “No se considerará alteración del destino de un inmueble la instalación en él de pequeños comercios o industrias artesanales, o el ejercicio de una actividad profesional, si su principal destinación subsiste como habitacional”.

En el caso del almacén de Luis Guerra, éste no alcanza a ocupar si quiera el 10 por ciento del espacio total del inmueble. Además, su funcionamiento se ampara legalmente en la Ordenanza Local del Plan Regulador Comunal sobre “Normas Generales para Inmuebles y Zonas de Conservación Histórica, Monumentos Históricos, Zonas Típicas y Santuarios de la Naturaleza”, detalla los usos permitidos en este tipo de propiedades y prohíbe, entre otros, “la venta minorista de combustibles líquidos, servicios automotriz, venta de maquinarias, motores y/o sus repuestos”, pese a que locales de estos rubros hoy dan la bienvenida al barrio Concha y Toro.

Entonces, si la actividad del almacén El Sol no viola ningún reglamento municipal para las zonas típicas, ni el límite de uso de suelo para inmuebles residenciales, y el Centro Cultural AINIL tampoco lo hace con sus instalaciones artísticas y ambos tienen los permisos municipales pertinentes, más los contratos que acreditan que son arrendatarios legales de los inmuebles que ocupan u ocupaban, ¿por qué se les intentó desalojar o, derechamente, se les desalojó?

Todos buscan explicaciones

Eduardo Íñiguez fue quien fundó el Centro Cultural AINIL en calle Concha y Toro N° 52. Según relató a Radio Universidad de Chile, “esa propiedad pertenece a la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile, (N. de la R.: Registrada con el RUT 99.511.370-3), cuyo representante legal es Jorge Aluanlli Anuch”, pero es administrada por Jorge Aluanlli padre.

“Nosotros fuimos a hablar con Jorge Aluanlli padre y le explicamos que teníamos un proyecto para restaurar la casa y convertirla en un centro cultural que tuviera salas de ensayo, estudios de grabación, galerías de arte, talleres, un pequeño auditorio y una pequeña cafetería”.

Íñiguez contó que postularon a un Fondart para realizar los estudios estructurales y arquitectónicos que permitieran efectuar las modificaciones a la antigua casona. Para eso, contaron con la autorización de Jorge Aluanlli, quien “entregó el inmueble en comodato, pero no tuvimos un acuerdo formal, por escrito, notarial ni ante el Conservador de Bienes Raíces. No fue inscrito. Sí tuve, como presidente de la organización, un poder de representación ante el Servicio de Impuestos Internos y otros organismos para gestionar estos temas”.

En el intertanto, se abrieron las puertas del recién inaugurado Centro Cultural AINIL para que gente ligada a las artes se uniera al innovador proyecto.

Según su fundador, Eduardo Íñiguez, el proyecto “se fue degradando. Por un tema legal, se hacen elecciones cada dos años en este tipo de organizaciones y otra gente se hizo cargo del centro y decidieron no hacer las reparaciones necesarias, sino dejar la estructura de inmueble tal cual estaba. Cuando estábamos en proceso de la firma del comodato ocurrió el cambio de directiva. Ante la negativa de ellos de hacer las reparaciones prometidas, el poder notarial que me dieron fue revocado”.

Por eso Íñiguez, quien hoy se desempeña como Secretario Ejecutivo del Consejo del Arte y la Industria Audiovisual dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, concluye que Jorge Aluanlli rompió el acuerdo con la organización, que tenía “el compromiso de restaurar la casa. Ante eso, el dueño tenía toda la facultad para desalojar la casa”.

La familia Aluanlli es también propietaria de la casona de Calle Concha y Toro N° 54, donde Luis Antonio Guerra atiende diariamente su negocio.

Luego de 41 años de relación con la familia Aluanlli, a través de un contrato de arrendamiento suscrito por sus padres en los años sesenta, Guerra no duda en calificar a Jorge Aluanlli padre como una persona “de no fiar, una persona que lo que escribe con la mano lo borra con el codo y pese a ser una persona mayor, su palabra no tiene validez”.

Luis Guerra no duda en que hay una “presión psicológica” de su arrendador a través del municipio. Asegura que en reiteradas ocasiones le ha pedido que abandone el lugar, para remodelarlo y emprender un negocio turístico. Incluso, le ha prometido que una vez terminados sus proyectos lo reintegraría en su almacén, palabra en la que no cree.

“Se ha acercado y me ha tratado de buscar por el lado bueno, en forma engañosa, diciéndome que me puede cancelar arriendo en otro lado, que necesita el local, que le dé las facilidades para que ceda la parte que le arriendo”, relató Guerra.

Sin embargo, no ha sido el único que ha intentado persuadirlo. Joseph Westrate también se ha acercado a él. Se trata de un inversionista norteamericano que en agosto de 2004 instaló el exclusivo Restaurant Zully en calle Concha y Toro N° 43, frente al almacén de Luis Guerra.

Westrate desembolsó 300 millones de pesos en la remodelación de la antigua casa del poeta Vicente Huidobro para convertirla en un lujoso lugar de reunión de empresarios, famosos y de lanzamientos de productos nacionales y extranjeros de renombre.

Entre los planes de Westrate está además, la construcción de un hotel boutique y un spa en el sector y para eso, su participación en la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile es clave.

Por eso también se ha acercado a Luis Guerra, quien asegura que le pidió que lo deje “innovar para que llegue gente de otro nivel. Me aseguró que él haría todas las inversiones y cuando esté reparado yo volvería a la propiedad”.

Incluso, Luis Guerra fue citado a una reunión por Joseph Westrate y Jorge Aluanlli, a la que el arrendatario envió a su abogado.

Incentivando el turismo sin tradición

Jorge Aluanlli Anuch respondió a Radio Universidad de Chile con la desconfianza producida por “todos los líos con esto del centro cultural y no me atrevo a hablarlo por teléfono”.

Sin embargo, accedió a responder preguntas respecto a los planes futuros para el Barrio Concha y Toro. Reconoció que hay “proyectos a largo plazo que requieren mucha inversión y construcciones.  Tenemos proyectos con la gente del (Restaurant) Zully para hacer proyectos, para hacer cosas en conjunto”.

Por eso, es que Jorge Aluanlli padre y Joseph Westrate se acercaron en numerosas ocasiones a conversar con Luis Guerra para convencerlo de abandonar el almacén El Sol.

El inversionista además, aseguró que fueron ellos quienes pidieron el desalojo del Centro Cultural Ainil, lo que calificó como “todo un lío. Tuvimos que seguir un juicio. Hay un proyecto ahí y para poder desarrollarlo tenía que estar desocupada la casa. Además necesitamos los capitales, pero no puedo conseguirme los capitales si tengo ocupada la casa. Ahora, como ya no están, nosotros estamos en la etapa de obtención de los capitales”.

Aluanlli Anuch coincide con Eduardo Íñiguez, fundador de Ainil en que “hace algunos años atrás hubo conversaciones, pero nada más. Conversaciones en las cuales ellos ofrecieron cosas que nunca cumplieron”, pero en la actualidad el inmueble estaba “ocupado, nunca hubo un contrato de arriendo, nunca se los entregamos a modo de nada”.

Si bien no quiso profundizar en qué consisten esos proyectos en conjunto con Westrate, sí manifestó que “hay conversaciones con la municipalidad, solamente. Nada por escrito”.

El mismo alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, reconoció que “se han presentado proyectos privados, interesantes en atractivo turístico que le dan una mayor vitalidad turística y atrae más gente y genera un espacio más interesante como comuna”.

Aseguró que no le corresponde a él hablar acerca de esos proyectos, porque son privados, dijo desconocer los casos del Centro Cultural AINIL que hoy está desocupado y del Almacén El Sol que no ha sido desalojado, porque la Dirección de Obras del municipio argumentó un “error de procedimiento”.

Error del que el alcalde Zalaquett aseguró no saber nada y que significó, según el inspector municipal Juan Salvo, que “el director de Obras, Miguel Saavedra, le pidió la orden de desalojo para corregirla en tiempo récord”, dejando sin efecto la desocupación de calle Concha y Toro 54-A y 54-B.

Futuro de los barrios santiaguinos

Por ahora, Aluanlli Anuch manifestó que desconoce la “relación de la gente del almacén con los abogados. Lo que sé es que salió una orden judicial para desalojar la propiedad y la relación con el almacén la mantiene otra persona (Jorge Aluanlli padre directamente, según ratificó Luis Guerra).

“No sé si llegarán a algún acuerdo con la gente del almacén, porque lo que frenaban todo esto era el centro cultural”, dijo el representante de la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile.

Por su parte, Luis Guerra Baeza interpuso un recurso de protección y una orden de no innovar ante la Corte de Apelaciones de Santiago, para evitar que un nuevo decreto de desalojo llegue hasta el almacén El Sol.

La situación la sigue de cerca la concejala de la comuna, Claudia Pascual, quien está de acuerdo con el potenciamiento de los sectores históricos del gran Santiago y proteger los barrios, pero “lo que no queremos es que el desarrollo sea a costa de los vecinos, que signifiquen la expulsión de ellos o que el desarrollo se enfoque en ciertos prototipos de nuevos vecinos. El desarrollo debe ser para los habitantes, en una diversidad socioeconómica”.

Es lo mismo que piden los vecinos, quienes consideran “arbitrario, injusto y poco transparente” medidas como extraños desalojos violentos para “subirle el pelo al barrio”, menos aún cuando “hay intereses económicos de inversionistas”, como afirmó Daniel Toledo, vecino del barrio Concha y Toro.

La directora ejecutiva de la Fundación Víctor Jara que fue clausurada y posteriormente desclausurada por el municipio, Gloria König, pide que las autoridades no sean injustas para olvidar que “hicimos patria cuando no era tan interesante el barrio (Brasil). El tema de la pertenencia y pertinencia de las actividades que se desarrollen dentro de ellos, deben aprender a coexistir situaciones distintas y en eso estamos dispuestos a conversar. Pero el barrio no sólo debe transformarse en uno de restaurantes y tiendas boutique, sino que es un barrio con una gran riqueza cultural”.

Proyectos de modernización los hay. Precisamente, el sector norponiente de Santiago Centro está en la mira de las autoridades comunales que lo ven como una gran oportunidad de convertirlo en nuevos “barrios Lastarrias o Patios Bellavista”, como dice Claudia Pascual.

El llamado es a no olvidarse de quienes forjaron las tradiciones que mantienen vivos a nuestras calles, nuestras casas y nuestros paisajes urbanos, tan ricos en diversidad arquitectónica, artística y social.

El histórico barrio en el centro de Santiago ha sido epicentro de desalojos y presiones para que los vecinos o centros culturales dejen las casonas que ocupan. ¿Las razones?: empresarios y el municipio tienen proyectos turísticos en la zona que no incluyen las tradiciones de quienes viven ahí hace décadas.
Es un placer recorrer las estrechas calles del barrio Concha y Toro de Santiago Centro. A pasos del Metro República, al norte de la Alameda, la hermosa distribución de los adoquines en las callejuelas impide levantar la vista por algunos instantes, pero cuando se logra hacerlo es imposible bajar los ojos, porque las casonas están repletas de detalles que dan cuenta de una multiplicidad de historias que parecen fantasmales.

Entre escudos, faroles, arcos y puertas enormes que asemejan las de castillos medievales, es imposible no sentir un dejo de desaliento al ver vidrios rotos, ventanas clausuradas y puertas que no se volvieron a abrir más.

La tranquilidad se respira a poco más de una cuadra de la bulliciosa Alameda y los vecinos que allí viven no cambian por nada esa sensación, sobre todo quienes se toman su tiempo para sentarse a conversar frente a la fuente de agua de la Plaza de Libertad de Expresión.

Uno de ellos es Luis Antonio Guerra Baeza, quien es reconocido por sus vecinos, pues lleva más de 40 años al mando del almacén El Sol, característico del barrio declarado Zona Típica el 19 de mayo de 1989. En rigor, heredó el negocio de sus padres, quienes lo abrieron en 1968. Desde su mesón ha visto pasar a todo tipo de personas, desde los grandes aristócratas de antaño hasta los frecuentes turistas que día a día pasan mirando, cámara en mano, todos los detalles del entorno.

Luis es de esas personas que, sin duda, forma parte de la tradición y de la cultura de un barrio. Sin embargo, su historia se entrelaza con un proceso que justamente busca rescatar esos valores patrimoniales en el corazón del Santiago antiguo.

Así lo asegura el alcalde de la comuna, Pablo Zalaquett, quien afirmó a Radio Universidad de Chile que “queremos recuperar un Santiago más seguro manteniendo sus tradiciones, una Santiago con cultura”.

Una apuesta loable, pero contradictoria si se el actuar del municipio.

El pasado 28 de julio, el Galpón Víctor Jara y la fundación del mismo nombre fueron clausurados y desalojados, por funcionarios municipales, acompañados de fuerza policial.

El 14 de julio, once personas fueron detenidas durante el desalojo de la casa Okupa AKI, en el barrio República.

Estos desalojos son parte de un proceso que reconoció el mismo Zalaquett por razones de “seguridad ciudadana ante múltiples de reclamos” de vecinos, locatarios y empresarios de los distintos sectores que están dentro de un proceso de renovación dentro de la comuna.

El jueves 18 de junio, los detenidos fueron seis en el violento cierre del Centro Cultural AINIL, en el barrio Concha y Toro, al lado del almacén que atiende Luis Antonio Guerra.

Algunos días después, el 30 de junio, llegó hasta el almacén El Sol, Juan Salvo, inspector municipal, con una hoja en su mano que ordenaba el desalojo de su negocio.

El documento, emanado el 12 de mayo desde las oficinas de la Dirección de Obras del municipio, declara la “inhabilidad con desalojo de ocupantes ilegales del inmueble ubicado en calle Concha y Toro N°s. 52 – 54-A y 54-B por encontrarse emplazado en Zona típica de ‘Sector Calle Concha y Toro’, destinado originalmente a vivienda y en la actualidad funciona como taller y comercio, sin contar con el respectivo cambio de destino, infringiendo el artículo 145° de la Ley General de Urbanismo y Construcciones”.

El artículo en cuestión menciona que “los inmuebles construidos o que se construyan, según los permisos municipales, para viviendas no podrán ser destinados a otros fines, a menos que la municipalidad respectiva autorice al cambio de destino y el propietario obtenga la aprobación de los planos y pague el valor de los permisos correspondientes, cuando procediere”.

Pero hace 41 años Luis Guerra tiene un permiso municipal y año a año paga la patente de su local comercial.

La Ley continúa: “No se considerará alteración del destino de un inmueble la instalación en él de pequeños comercios o industrias artesanales, o el ejercicio de una actividad profesional, si su principal destinación subsiste como habitacional”.

En el caso del almacén de Luis Guerra, éste no alcanza a ocupar si quiera el 10 por ciento del espacio total del inmueble. Además, su funcionamiento se ampara legalmente en la Ordenanza Local del Plan Regulador Comunal sobre “Normas Generales para Inmuebles y Zonas de Conservación Histórica, Monumentos Históricos, Zonas Típicas y Santuarios de la Naturaleza”, detalla los usos permitidos en este tipo de propiedades y prohíbe, entre otros, “la venta minorista de combustibles líquidos, servicios automotriz, venta de maquinarias, motores y/o sus repuestos”, pese a que locales de estos rubros hoy dan la bienvenida al barrio Concha y Toro.

Entonces, si la actividad del almacén El Sol no viola ningún reglamento municipal para las zonas típicas, ni el límite de uso de suelo para inmuebles residenciales, y el Centro Cultural AINIL tampoco lo hace con sus instalaciones artísticas y ambos tienen los permisos municipales pertinentes, más los contratos que acreditan que son arrendatarios legales de los inmuebles que ocupan u ocupaban, ¿por qué se les intentó desalojar o, derechamente, se les desalojó?

Todos buscan explicaciones

Eduardo Íñiguez fue quien fundó el Centro Cultural AINIL en calle Concha y Toro N° 52. Según relató a Radio Universidad de Chile, “esa propiedad pertenece a la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile, (N. de la R.: Registrada con el RUT 99.511.370-3), cuyo representante legal es Jorge Aluanlli Anuch”, pero es administrada por Jorge Aluanlli padre.

“Nosotros fuimos a hablar con Jorge Aluanlli padre y le explicamos que teníamos un proyecto para restaurar la casa y convertirla en un centro cultural que tuviera salas de ensayo, estudios de grabación, galerías de arte, talleres, un pequeño auditorio y una pequeña cafetería”.

Íñiguez contó que postularon a un Fondart para realizar los estudios estructurales y arquitectónicos que permitieran efectuar las modificaciones a la antigua casona. Para eso, contaron con la autorización de Jorge Aluanlli, quien “entregó el inmueble en comodato, pero no tuvimos un acuerdo formal, por escrito, notarial ni ante el Conservador de Bienes Raíces. No fue inscrito. Sí tuve, como presidente de la organización, un poder de representación ante el Servicio de Impuestos Internos y otros organismos para gestionar estos temas”.

En el intertanto, se abrieron las puertas del recién inaugurado Centro Cultural AINIL para que gente ligada a las artes se uniera al innovador proyecto.

Según su fundador, Eduardo Íñiguez, el proyecto “se fue degradando. Por un tema legal, se hacen elecciones cada dos años en este tipo de organizaciones y otra gente se hizo cargo del centro y decidieron no hacer las reparaciones necesarias, sino dejar la estructura de inmueble tal cual estaba. Cuando estábamos en proceso de la firma del comodato ocurrió el cambio de directiva. Ante la negativa de ellos de hacer las reparaciones prometidas, el poder notarial que me dieron fue revocado”.

Por eso Íñiguez, quien hoy se desempeña como Secretario Ejecutivo del Consejo del Arte y la Industria Audiovisual dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, concluye que Jorge Aluanlli rompió el acuerdo con la organización, que tenía “el compromiso de restaurar la casa. Ante eso, el dueño tenía toda la facultad para desalojar la casa”.

La familia Aluanlli es también propietaria de la casona de Calle Concha y Toro N° 54, donde Luis Antonio Guerra atiende diariamente su negocio.

Luego de 41 años de relación con la familia Aluanlli, a través de un contrato de arrendamiento suscrito por sus padres en los años sesenta, Guerra no duda en calificar a Jorge Aluanlli padre como una persona “de no fiar, una persona que lo que escribe con la mano lo borra con el codo y pese a ser una persona mayor, su palabra no tiene validez”.

Luis Guerra no duda en que hay una “presión psicológica” de su arrendador a través del municipio. Asegura que en reiteradas ocasiones le ha pedido que abandone el lugar, para remodelarlo y emprender un negocio turístico. Incluso, le ha prometido que una vez terminados sus proyectos lo reintegraría en su almacén, palabra en la que no cree.

“Se ha acercado y me ha tratado de buscar por el lado bueno, en forma engañosa, diciéndome que me puede cancelar arriendo en otro lado, que necesita el local, que le dé las facilidades para que ceda la parte que le arriendo”, relató Guerra.

Sin embargo, no ha sido el único que ha intentado persuadirlo. Joseph Westrate también se ha acercado a él. Se trata de un inversionista norteamericano que en agosto de 2004 instaló el exclusivo Restaurant Zully en calle Concha y Toro N° 43, frente al almacén de Luis Guerra.

Westrate desembolsó 300 millones de pesos en la remodelación de la antigua casa del poeta Vicente Huidobro para convertirla en un lujoso lugar de reunión de empresarios, famosos y de lanzamientos de productos nacionales y extranjeros de renombre.

Entre los planes de Westrate está además, la construcción de un hotel boutique y un spa en el sector y para eso, su participación en la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile es clave.

Por eso también se ha acercado a Luis Guerra, quien asegura que le pidió que lo deje “innovar para que llegue gente de otro nivel. Me aseguró que él haría todas las inversiones y cuando esté reparado yo volvería a la propiedad”.

Incluso, Luis Guerra fue citado a una reunión por Joseph Westrate y Jorge Aluanlli, a la que el arrendatario envió a su abogado.

Incentivando el turismo sin tradición

Jorge Aluanlli Anuch respondió a Radio Universidad de Chile con la desconfianza producida por “todos los líos con esto del centro cultural y no me atrevo a hablarlo por teléfono”.

Sin embargo, accedió a responder preguntas respecto a los planes futuros para el Barrio Concha y Toro. Reconoció que hay “proyectos a largo plazo que requieren mucha inversión y construcciones.  Tenemos proyectos con la gente del (Restaurant) Zully para hacer proyectos, para hacer cosas en conjunto”.

Por eso, es que Jorge Aluanlli padre y Joseph Westrate se acercaron en numerosas ocasiones a conversar con Luis Guerra para convencerlo de abandonar el almacén El Sol.

El inversionista además, aseguró que fueron ellos quienes pidieron el desalojo del Centro Cultural Ainil, lo que calificó como “todo un lío. Tuvimos que seguir un juicio. Hay un proyecto ahí y para poder desarrollarlo tenía que estar desocupada la casa. Además necesitamos los capitales, pero no puedo conseguirme los capitales si tengo ocupada la casa. Ahora, como ya no están, nosotros estamos en la etapa de obtención de los capitales”.

Aluanlli Anuch coincide con Eduardo Íñiguez, fundador de Ainil en que “hace algunos años atrás hubo conversaciones, pero nada más. Conversaciones en las cuales ellos ofrecieron cosas que nunca cumplieron”, pero en la actualidad el inmueble estaba “ocupado, nunca hubo un contrato de arriendo, nunca se los entregamos a modo de nada”.

Si bien no quiso profundizar en qué consisten esos proyectos en conjunto con Westrate, sí manifestó que “hay conversaciones con la municipalidad, solamente. Nada por escrito”.

El mismo alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, reconoció que “se han presentado proyectos privados, interesantes en atractivo turístico que le dan una mayor vitalidad turística y atrae más gente y genera un espacio más interesante como comuna”.

Aseguró que no le corresponde a él hablar acerca de esos proyectos, porque son privados, dijo desconocer los casos del Centro Cultural AINIL que hoy está desocupado y del Almacén El Sol que no ha sido desalojado, porque la Dirección de Obras del municipio argumentó un “error de procedimiento”.

Error del que el alcalde Zalaquett aseguró no saber nada y que significó, según el inspector municipal Juan Salvo, que “el director de Obras, Miguel Saavedra, le pidió la orden de desalojo para corregirla en tiempo récord”, dejando sin efecto la desocupación de calle Concha y Toro 54-A y 54-B.

Futuro de los barrios santiaguinos

Por ahora, Aluanlli Anuch manifestó que desconoce la “relación de la gente del almacén con los abogados. Lo que sé es que salió una orden judicial para desalojar la propiedad y la relación con el almacén la mantiene otra persona (Jorge Aluanlli padre directamente, según ratificó Luis Guerra).

“No sé si llegarán a algún acuerdo con la gente del almacén, porque lo que frenaban todo esto era el centro cultural”, dijo el representante de la Sociedad Lebanon Investment Corporation Chile.

Por su parte, Luis Guerra Baeza interpuso un recurso de protección y una orden de no innovar ante la Corte de Apelaciones de Santiago, para evitar que un nuevo decreto de desalojo llegue hasta el almacén El Sol.

La situación la sigue de cerca la concejala de la comuna, Claudia Pascual, quien está de acuerdo con el potenciamiento de los sectores históricos del gran Santiago y proteger los barrios, pero “lo que no queremos es que el desarrollo sea a costa de los vecinos, que signifiquen la expulsión de ellos o que el desarrollo se enfoque en ciertos prototipos de nuevos vecinos. El desarrollo debe ser para los habitantes, en una diversidad socioeconómica”.

Es lo mismo que piden los vecinos, quienes consideran “arbitrario, injusto y poco transparente” medidas como extraños desalojos violentos para “subirle el pelo al barrio”, menos aún cuando “hay intereses económicos de inversionistas”, como afirmó Daniel Toledo, vecino del barrio Concha y Toro.

La directora ejecutiva de la Fundación Víctor Jara que fue clausurada y posteriormente desclausurada por el municipio, Gloria König, pide que las autoridades no sean injustas para olvidar que “hicimos patria cuando no era tan interesante el barrio (Brasil). El tema de la pertenencia y pertinencia de las actividades que se desarrollen dentro de ellos, deben aprender a coexistir situaciones distintas y en eso estamos dispuestos a conversar. Pero el barrio no sólo debe transformarse en uno de restaurantes y tiendas boutique, sino que es un barrio con una gran riqueza cultural”.

Proyectos de modernización los hay. Precisamente, el sector norponiente de Santiago Centro está en la mira de las autoridades comunales que lo ven como una gran oportunidad de convertirlo en nuevos “barrios Lastarrias o Patios Bellavista”, como dice Claudia Pascual.

El llamado es a no olvidarse de quienes forjaron las tradiciones que mantienen vivos a nuestras calles, nuestras casas y nuestros paisajes urbanos, tan ricos en diversidad arquitectónica, artística y social.

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