El derecho a la educación, ¿es mucho pedir?

Fuente: Tomás HirschLa Tercera

Mucho se habla de educación en las campañas políticas. Es cosa de escuchar los discursos o leer los folletos para ver que prácticamente todo candidato explica que para él la educación es de primera prioridad. Los candidatos se dan cuenta que sus electores son muy sensibles a este tema porque todos entienden que la educación es clave en cualquier proyecto de desarrollo personal y de sociedad. Y en estos tiempos en donde la política se ha mercantilizado en extremo, las campañas más que proyectos con contenido, son verdaderas estrategias de marketing. Es lógico, entonces, que un tema de alta sensibilidad en los clientes (electores) pase a tener mucha presencia en los discursos.

Si esa preocupación de los candidatos fuera genuina, estaríamos en presencia de algo muy positivo. Cómo no va a ser importante que quienes tienen poder de decisión pongan en alta prioridad a la educación. El problema es que en realidad percibimos que tras esa estrategia de marketing en muchos sectores y líderes políticos, no existe una voluntad real de asegurar efectivamente el derecho a la educación para todos los chilenos y chilenas.

En el caso de la derecha es evidente que para ellos la prioridad indiscutible es asegurar que el negocio de la educación se mantenga intocable; no es de extrañar, ya que sus intereses e inversiones en la industria educativa son significativos; no hay que equivocarse, cuando ellos hablan de la prioridad que darán a la educación en caso de ser gobierno, no están pensando en políticas públicas que permitan a toda familia el acceso a una buena educación independiente de su condición económica y social; por el contrario, quieren una política de mercado, con costos educativos cada vez mas altos – que pueden ser pagados sin problema por la elite social – y una educación pública cada vez más jibarizada y deteriorada.

En el caso de la Concertación, el discurso es más solapado, en donde aparentan una mayor sensibilidad social con el tema y un mayor interés por fortalecer la educación pública, pero en la práctica sus políticas han terminado siendo muy similares y funcionales a los objetivos de la derecha. Un buen ejemplo de ello es la LGE, que ha sido presentado como un cambio importante que permite derogar la LOCE de Pinochet, pero que en realidad presenta solo cambios cosméticos y en esencia mantiene incólume todo el andamiaje educacional heredado de la dictadura. Igual acontece con la mala llamada Ley de fortalecimiento de la educación pública que comunicacionalmente se ha presentado como la desmunicipalización de la educación, pero al estudiar el proyecto constatamos que la esencia del sistema municipal se mantiene intocable.

¿Sabia usted que Chile es el país donde la familia, hace el mayor aporte para pagar la educación de sus hijos?  En efecto, según datos de la OCDE en nuestro país las familias aportan el 46,3 % del gasto total en educación, mientras que en USA es de un 19,9%, en México un 18,5%, en España un 10, 5% y en Portugal un 1,7% por poner solo algunos ejemplos. Esto quiere decir que en la mayoría de los países el Estado devuelve a los ciudadanos a través de fuerte gasto social lo que estos aportan con sus impuestos; esto que resulta tan lógico, no es lo que se hace en Chile, donde la gente paga religiosamente los impuestos – algunos bastante altos – pero a la vez debe aportar pagando altos costos por derechos fundamentales como son la educación y la salud. ¿Acaso esto no es una verdadera estafa y un abuso con todos nosotros?

¿Y que es lo que habría que hacer entonces?  Es de Sentido común. En realidad no estamos proponiendo nada descabellado ni radicalizado. Para empezar proponemos algo muy básico: un Estado responsable de asegurar el derecho a una buena educación para todos chilenos; fortalecimiento de la profesión docente con respeto y dignificación de los maestros; acceso gratuito a la educación superior pública a todo el que tenga la capacidad; participación real de la comunidad educativa; una educación integral y al servicio del desarrollo humano y social y no simplemente del crecimiento económico. Es decir, hoy simplemente aspiramos a que existan en Chile políticas educativas similares a las de los países que han conseguido avanzar en el ejercicio real del derecho a la educación. ¿Es mucho pedir?

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y OPINIONES VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE LA POSICIÓN DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

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