Opinión: En el nombre del padre

Fuente: Christian Vidal Beros,  La Tercera

Lamento decirle a mis más fieles detractores y críticos, que precisamente por gente como ellos, escribo una y otra semana; por gente que se escandaliza al ver a modelos vestidas de “vírgenes”, por gente que se horroriza por políticos que salen del clóset, y por gente que pone el grito en el cielo por la entrega de condones en la playa por parte de un mono disfrazado de amarillo. Ahora los mismos, rasgan vestiduras por la decisión del juez de familia de Puente Alto, Francisco Loret, quien concedió la tuición de dos niños – de 10 y 17 años – a su padre homosexual, quien vive con su pareja.

Lo que en otros países no es tema (porque el principio de Igualdad Jurídica sí se cumple a cabalidad, no sólo en el papel), acá da para debate. Y es que ya era hora que la Justicia se redima del error grosero que en el año 2004 le quita sus dos hijas a la jueza Karen Atala “por ejercer su condición homosexual” y que por cierto dejará al Estado chileno como flagrante violador de los DDHH de la madre, ante la Corte Interamericana de Justicia. (La sentencia de la Corte Suprema no desconocía su derecho a ser homosexual, pero ¿de qué me vale el reconocimiento de un derecho si no puedo ejercerlo?). Hoy la situación es distinta, y en la sentencia del juez Loret, vemos una seria relación de los hechos, y una atinada ponderación del interés superior de los niños – ese interés al que alude la Honorable diputada Cristi – por cuanto son ellos quienes deciden irse a vivir con su padre; son ellos quienes fueron los primeros en apoyarlo; y son ellos quienes veían vulnerados sus derechos al lado de la madre.

La sentencia del juez no hace referencia a la condición sexual del padre. ¿Por qué? Precisamente porque lo que los padres hagan encerrados en un dormitorio, no es tema si éstos son buenos a la hora de cuidar a sus hijos. Tal y como señaló el Presidente de los Jueces de Familia de Arica, Juan Eduardo Fuentes, “la condición sexual de los padres no es un impedimento legal para hacerse cargo de ellos (los hijos)”. Y mejor que así sea, porque claramente – y para no seguir haciendo distingos odiosos – todos los padres debieran de aprobar un examen sicológico para detentar el cuidado de los hijos. ¿O es que acaso las perversiones sólo vienen de los homosexuales? Veamos quienes no podrían detentar la tuición, ni siquiera de un peluche: mujeres de doble o triple vida que presentan “tíos” a sus hijos de a dos por semana; padres violentos que le “aforran” a su mujer apenas tienen oportunidad de dar rienda suelta a sus instintos; maridos y viudos de verano que engañan a sus esposas no precisamente con las señoritas del “Shampoo” o “Champagne”, sino que con “meninhos de la rúa” que suben a su auto esas solitarias noches de verano; ¿seguimos?. Mejor no, verdad, puesto que de lo contrario el SENAME no daría abasto.

Algunos se persignan por cuanto se hace “imperativa la intervención del SENAME”, y desde la academia, la Jefa de mediación del ICC, Lorena Tapia ha señalado que el problema para los niños radicaría en la estigmatización social “por cuanto nuestra cultura no está acostumbrada a estas situaciones ya que no es aceptado. Ser pionero influirá en el grupo de pares de los niños (…)”. Perdón señores, pero muy a pesar de algunos, las sociedades cambian, evolucionan y se transforman, de lo contrario, todavía las mujeres serían entes sin alma – como lo fueron hasta hace bastante poco para la Iglesia – tampoco tendrían derecho a voto, y menos aun las señoras diputadas que hoy opinan tan discriminatoriamente ni siquiera podrían estar sentadas y tener la tribuna que tienen. Si las sociedades no cambiaran, seguirían existiendo hijos de categorías jurídicas distintas, y las mujeres no podrían regular con una pastilla el cuándo, cómo y con quién tener un hijo. Y es que si las sociedades no cambiaran, hoy por hoy ese padre – C.P.W. – no podría estar, compartir y criar a sus hijos, sino que lo más probable, es que estaría muerto a manos de alguna turba de trogloditas, que denostan a las mujeres, que piden la intervención del SENAME, o que mandan al autor de esta columna a comprar peluca, cartera y labial, como si eso fuera una ofensa o un atentado a la honra del que escribe.

Ciertamente las sociedades cambian, y si bien el Derecho siempre va muy por detrás de dicho cambio, tardan pero llegan estas soluciones, estos “intervalos de realidad” de nuestros tribunales, en los cuales los jueces aplican la ley de acuerdo al caso concreto, y en este caso, escuchando a los niños y abogando por el interés superior de ellos.

Esta es una oportunidad en que uno como abogado, cree algo más de lo aceptable, en el principio de la Justicia, en la correcta aplicación del Derecho, en que las garantías fundamentales no sólo existen y se enseñan, sino que también se aplican a todos. Esta es una oportunidad donde – estando de acuerdo o no con las decisiones del Poder Judicial – uno siente que los jueces hacen bien su trabajo de aplicar la ley sin distinciones, y lo que es más difícil – sin prejuicios.

Escribo esta columna en el nombre de ese padre, en el nombre de esos dos hijos y en el nombre de todos aquellos que creen en la libertad y en la bondad de las personas. El resto, que crucifique al juez, que lapide públicamente al padre y a su pareja, y a mí que me quemen en la hoguera.

No sería la primera vez.

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y OPINIONES VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE LA POSICIÓN DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

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Una respuesta

  1. no, no sería la primera ni la última!

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