Opinión: La desigualdad y la Izquierda en América Latina

Fuente: Kenneth Bunker, La Tercera

Esta columna describe el cambio político-ideológico que ha vivido América Latina durante la última década. Especula que la razón central del aumento y consolidación de gobiernos de izquierda se debe a la imposibilidad de los gobiernos de derecha para resolver la desigualdad en la distribución de riqueza. Como resultado, una parte importante de gente ha terminado votantando por sectores que privilegian gobiernos orientados a repartir justicia social por sobre gobiernos orientados a implementar políticas de libre-mercado.

La historia que ha llevado a consolidar a la izquierda en el poder vuelve atrás en el tiempo al menos cuarenta años. En las décadas de 1970 y 1980, el “consenso de Washington” forzó a la mayoría de los países a pasar de Estados fuertemente centralizados a economías orientadas al mercado. En la década de 1990, mientras la gran mayoría de los países siguió extendiendo la consolidación de las políticas neo-liberales adoptadas en los ochenta (e.g., Argentina, Perú), otra parte optó por gobiernos inclinados a incentivar la justicia social (e.g. Brasil, Chile). En lo que va del siglo veintiuno, el modelo que claramente se inclinó a la derecha en la década de los noventa, cambió bruscamente a la izquierda.

Hoy día América Latina esta predominantemente gobernada por gobiernos de izquierda. Luego de la ola de democratización a finales de los ochenta los gobiernos han ido gradualmente transitando de Estados de libre-mercado a estrategias económicas centradas en las políticas de Estado. En 1980, catorce de los dieciocho gobiernos de América Latina fueron regidos por dictaduras o gobiernos de derecha. En 1998, diez de estos países seguían siendo gobernados por gobiernos de derecha. A partir de 2008 catorce de las dieciocho democracias son regidas por presidentes de izquierda. Ha sido casi como si la naturaleza de América Latina fuera ser dominada por la izquierda, y luego de ser liberada por los enclaves autoritarios de los ochenta (gobiernos militares) y las presiones internacionales de los noventa (política económica internacional promovida por Washington), ha vuelto a su nicho ideológico.

Pero, ¿por qué los gobiernos de América Latina pasaron gradual y lapidariamente de derecha a izquierda? Una de las principales razones ha sido la inhabilidad de los gobiernos de derecha para atacar problemas de desigualdad. Si bien la derecha ha sido el gran responsable de eliminar buena parte de la pobreza de los sesenta y setenta, y la ideología a cargo de implementar numerosas reformas económicas que han traído prosperidad en muchos países, no ha sido capaz de eliminar el problema de fondo. Las políticas económicas neo-liberales han contribuido al desarrollo económico, pero a costa de aumentar (o al menos institucionalizar) las brechas de desigualdad.

El contraste entre los más ricos y los más pobres es significativa. Una de los métodos más frecuentes para representar esta desigualdad es por medio del coeficiente de Gini. Este índice es una medición de la desigualdad en la distribución del ingreso (o la desigualdad de la distribución de la riqueza). Se define como una relación con valores entre 0 y 1. Cero corresponde a la perfecta igualdad y 1 corresponde a la perfecta desigualdad. El coeficiente de Gini para Latinoamérica, en promedio, durante la década de los noventa fue de 0.522 en América Latina. Como referencia este índice en los países más avanzados de Europa oriental y Asia sólo fue de 0,289 y 0,318, respectivamente. En términos simples, en Latinoamérica el decil más rico de la población gana 48% de la riqueza, mientras que el decil más pobre gana sólo el 1,6%. En países del primer mundo, en cambio, esta diferencia corresponde al 29,1% para el decil más rico y 2,5% para el decil más pobre.

Pero más allá de generalidades, la desigualdad es un problema que afecta de manera uniforme a todos los países de América Latina, independientemente de su tamaño y nivel de desarrollo. En 1992, el país más grande de América Latina, Brasil, distribuyó 32 veces más riqueza al 20% más rico que al 20% más pobre. En 2006, el país más desarrollado de Latinoamérica, Chile, distribuyó 31 veces más riqueza al decil más rico que al decil más pobre. En 2004 uno de los países más pequeños, Guatemala, distribuyó 59 veces más riqueza al 10%  más rico que al 10% más pobre.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la aparición de gobiernos de izquierda? En cuanto a directrizes económicas, la principal diferencia entre gobiernos de izquierda y de derecha han sido los medios, mecanismos y métodos. Mientras que los gobiernos de izquierda han insistido que la participación del gobierno en la economía debe ser intervencionista, la derecha ha insistido por modelos capitalistas de laissez-faire. En teoría el primero soluciona problemas de desigualdad a costo de desarrollo económico, mientras que el segundo privilegia el crecimiento por sobre estructuras social-económicas internas. Si bien hay una fuerte discrepancia entre ambas corrientes ideales, la realidad es sustancialmente más compleja: existen diferentes matices, facciones y ensaladas.

De cualquier modo la determinación de quién gobierna está a cargo de la gente. Por medio de las elecciones son ellos los que han debido determinar quiénes son los que los representaran en el poder. Y como ha mostrado la evidencia en los últimos años es muy probable que dependiendo de quien(es) resulta(n) electos se verán afectados -de una manera u otra- por las decisiones tomadas por los que gobiernan: son los representantes electos quienes deciden cómo se distribuye la riqueza.

Bajo estas premisas una democracia sana es aquella en la que la igualdad de derechos de la ciudadanía y la igualdad de oportunidades está proporcionalmente correlacionado con la distribución de la riqueza. En América Latina esto no ha sido el caso. Tal como muestra la evidencia, sigue siendo, por paliza, el lugar más desigual para vivir entre países democráticos modernos. Sigue habiendo una enorme brecha entre los que concentran gran parte de la riqueza y los que no. Y al parecer la gente se ha percatado de esto. Resulta que parte importante de los latinoAméricanos que aun vive bajo la línea de la pobreza también representa una parte importante de aquellos que emiten votos. Si presidentes de izquierda siguen siendo electos, la hipótesis que indica que el capitalismo solo ayuda a ahondar la desigualdad, se volverá más robusta.

Durante el 2009 habrán 6 elecciones presidenciales en Latinoamérica. Un país con gobierno de derecha (El Salvador) y 5 países con gobiernos de izquierda (Panamá, Uruguay, Honduras, Bolivia y Chile) enfrentaran elecciones presidenciales. Es decir, para comienzos de 2010, podrá aumentar el numero de gobiernos de izquierda a 15 (de 18), o disminuir a 11. Como siempre, todo dependerá del soberano voto de la gente. Si una buena parte de la gente sigue sintiendo que la derecha es incapaz de remediar problemas de desigualdad en la distribución de riquezas, es probable que Latinoamérica vaya solidificando la tendencia pionera y única en el mundo de contar con una sobrecogedora cantidad de gobiernos enfocados a rectificar trabas de justicia social.


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