¿Qué fue del Gobierno ciudadano?

 Fuente: www.lanacion.cl Por Adolfo Castillo*.

La sociedad civil es un campo heterogéneo de disputas por los sentidos de la transformación social. Seguirá siendo el espacio de las nuevas propuestas de un orden solidario, más justo y democrático.

Próximo a cumplir tres años, es útil hacer un balance de una de las propuestas de la Presidenta: el Gobierno ciudadano. Con simpatía e interés fue recibida por la sociedad civil esta idea de incorporar a la ciudadanía en los procesos de decisión, mediante modalidades que irían proponiendo sus equipos técnicos.

Lo decisivo y novedoso de esta apuesta rupturista era tomar distancia de los anteriores gobernantes, cautivos de las lógicas partidistas que terminaron imponiendo sus agendas, dejando fuera a quienes por años habían mantenido fidelidad a sus proyectos mediante el apoyo electoral. Michelle Bachelet intuyó esta aspiración de una ciudadanía más consciente, que quería desempeñar un rol mayor en la construcción de su historia.

Este cambio progresista se fue desperfilando. Se evidenció en la conformación de los gabinetes ministeriales o en los pactos que debió hacer el Gobierno debido a sus propuestas renovadoras, sometidas al chantaje partidario, en circunstancias que esos mismos partidos exhibían severas caídas en sus niveles de popularidad y confianza.

Con el retroceso reformista, el Gobierno subvencionó con su gran apoyo a actores políticos seriamente cuestionados. Aun cuando existieron factores que gravitaron negativamente durante el primer año, los hechos confirman que el diseño no estaba a las altura de lo esperado. Esto llevó a abdicar del Gobierno ciudadano.

Proyectos emblemáticos propuestos como innovación ante la desesperanza creciente de la sociedad civil fueron encontrando obstáculos en el camino y hoy se hallan amenazados de terminar en los archivos del Congreso.

Sólo como ejemplo: el proyecto de ley sobre asociacionismo y participación ciudadana en la gestión pública, que tardó cuatro años en ser aprobado por la Cámara de Diputados, fue rechazado en el Senado, debiendo pasar a comisión mixta; el proyecto de ley que crea el Defensor Ciudadano fue rechazado; la iniciativa ciudadana de ley aún no está en la agenda de los congresistas ni tiene urgencia.

Ha habido en los campos legislativo y ejecutivo yerros y carencias políticas para sortear con éxito los escollos de la derecha.

En la administración del Estado las iniciativas pro participación se han burocratizado por formalismos legales, tornándose en simulacros de la idea original, por lo que sus acciones se traducen en actos que buscan informar y consultar a la población, pero sin hacerla partícipe del empoderamiento que le permita avanzar hacia nuevas formas de cooperación entre el Estado y la sociedad civil.

La propuesta de Gobierno ciudadano no contó con un piso político para ser llevada adelante, en parte porque los poderes fácticos de la Concertación no han tenido la voluntad ni el interés de integrar a la ciudadanía en la acción política, porque temen que erosione su poder.

El Gobierno ha cedido frente a partidos del siglo XX, que siguen pensando que la política es principalmente copamiento y uso del Estado. Pero también ha debido ceder ante los tecnócratas que no comprenden que la política es participación ciudadana.

Por cierto que un balance sobre este tema exige analizar el rol cumplido por la sociedad civil. En verdad, su desempeño ha sido marginal y se ha encontrado vinculado a acciones puntuales, destinadas a tomar contacto con los congresistas que analizan y debaten los proyectos de contenido ciudadano.

Pero esta actividad está lejos de los circuitos de poder del Estado en los cuales se adoptan las decisiones en torno de lo que queda del Gobierno ciudadano. Podrían calificarse como un continuo desencuentro las relaciones Estado-sociedad civil en el fallido intento de llevar adelante un Gobierno que tenía la pretensión de escuchar a la sociedad civil.

Aun cuando resta un año para el término del actual mandato, no existen evidencias de un cambio en este rumbo. El Gobierno ciudadano irá quedando de lado debido al debate que se va a instalar en la agenda política de cara a la elección presidencial de 2009 y será un eco lejano de un intento de gobernar con la gente.

La sociedad civil es un campo heterogéneo de disputas por los sentidos del cambio y de la transformación social. Ella seguirá siendo el espacio de desarrollo de las nuevas propuestas de construcción de un orden solidario, más justo y más democrático. Ciertamente, quedan lecciones y aprendizajes y se abre, una vez más, un proceso de consulta hacia los actores políticos respecto de sus propuestas programáticas que aspiran llevar adelante en un nuevo Gobierno.

Desde que fuera recuperada la democracia, la sociedad civil ha sido parte fundamental en la búsqueda permanente de la inacabada construcción de un orden democrático para Chile.

En este marco, la apuesta audaz de la Presidenta Bachelet formará parte de la historia de los esfuerzos por democratizar el Estado y aportar a una nueva convivencia y ciertamente habrá de ser valorada en ese mismo mérito.

*Historiador y cientista político (acastillo@libertadesciudadanas.cl)

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y OPINIONES VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

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