EL SIDA Y LA VIOLENCIA HACÍA LA MUJER EN CHILE: ALERTA MÁXIMA.

Fuente: Equipo de Derechos Humanos de las Mujeres, Amnistía Internacional – Chile.

La violencia contra las mujeres se manifiesta de variadas maneras y en múltiples dimensiones en la sociedad actual. Una de estas formas viene de la mano de una epidemia mundial, el VIH/SIDA. Quizás a muchos les parezca extraño asociar el SIDA a la violencia contra las mujeres, pero ciertamente las mujeres adolecen de una vulnerabilidad especial a esta enfermedad, ya que son vulnerables social, cultural y biológicamente.

En los últimos años las tasas más altas de contagio se centran en mujeres, y en el caso de Chile en mujeres heterosexuales con parejas estables y monogámicas. La feminización de esta epidemia, está muchas veces asociada a episodios de violencia que las mujeres viven diariamente, y que por cierto se ve aumentada por las condiciones biológicas que aumentan las probabilidades de contagio de esta enfermedad.

Los patrones machistas de la sociedad han hecho que muchas mujeres dependan económicamente de sus parejas, haciendo que estas tengan limitadas posibilidades de negociación en cuanto a relaciones sexuales, además de la escasa información sobre el VIH/SIDA a la que tienen acceso las hace ser potenciales víctimas. Si a estas condiciones le añadimos que en sociedades como la nuestra existen mujeres que aún no se atreven a exigir el condón en sus relaciones sexuales, que aceptan que sus parejas tengan relaciones fuera del matrimonio o que son víctimas de violencia o abusos sexuales dentro de sus relaciones de parejas, la situación se vuelve poco auspiciosa.

Es evidente que el sistema sexo-género imperante favorece el contagio de VIH/SIDA en las mujeres y es por eso mismo que los desafíos para enfrentar esta epidemia son muchos y a todos los niveles. Una de las primeras tareas es desmitificar a los grupos vulnerables de contagio, porque que el SIDA se ha relacionado frecuentemente con la comunidad homosexual, pero se ha comprobado que son las mujeres las que ahora conforman los principales grupos de contagio.

La información es esencial en este proceso, y ahí cabe la responsabilidad de todos nosotros para sensibilizar a las mujeres con las que compartimos frecuentemente, y hacerlas saber que todas somos potenciales víctimas de contagio y que con sólo la responsabilidad y comunicación con nuestras parejas sexuales podremos evitar el contagio.

Es cierto que la sociedad machista en la que vivimos no la podremos cambiar de la noche a la mañana, pero si es cierto que podemos hacer pequeños cambios a favor de nuestra salud y sexualidad, y quizás desde ahí también podemos aportar a cambios más grandes. Seamos dueñas y dueños de nuestros cuerpos y responsables de los mismos, somos los únicos capaces de evitar contagiarnos a nosotros y a los que queremos.

Katherine Paez Orellana
Equipo Derechos Humanos de las Mujeres
Amnistía Internacional – Chile.

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