DESDE FUERA DEL PODER. LOS DERECHOS HUMANOS.

Fuente: http://www.lanacion.cl
Por Manuel Martínez Opazo/http://cianuronews.wordpress.com

Las nuevas generaciones no recibieron la información adecuada y hoy tocar el tema es casi una molestia. Estos derechos son inalienables y nos pertenecen a todos.

Nos visitó a mediados de la semana pasada una persona que resume con su vida la lucha por los derechos humanos. Ingrid Betancourt, su secuestro y años de cautiverio, sin duda son algo que al mundo latino nos caló profundamente. Ella simboliza a las miles de personas que han sido víctimas de la aberración, la estupidez y el desprecio por la vida humana. Fue rehén de las FARC y por años tuvo la preocupación de que faltarnos el respeto es muy propio del mundo contemporáneo, eso de imponer cualquier ideología mediante la violencia.

Cuando se cumplen 50 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no podemos dejar de preguntarnos, ¿qué implica la violación de uno de ellos? La respuesta hay que verla desde un punto imparcial, de modo de hacer un análisis que permita caracterizar este eje donde se interconectan el derecho y la ética. Hoy, éstos han adquirido importancia a tal punto que en cualquier suceso se pueden comprometer. Pero también se usa y abusa de esta argumentación. Leo y escucho que cuando se ejerce la autoridad se entra en una suerte de querer denostar, de no respetar los derechos, o se tiende a empatar una aberración con un exabrupto de palabra.

Chile podría aportar bastante a este tema. En los años de dictadura la ciudadanía vio sus derechos elementales permanentemente violados. La autoridad no dudó nunca en imponer la fuerza de la represión por el valor de la razón. Los espacios de diálogo se limitaron, ni pensar en lugares de reunión, nada de organizaciones de base o comunitarias. Contra eso estaban los agentes del Estado pagados con el erario nacional, los centros de exterminio financiados por la dictadura, las ejecuciones sin juicio ni apelación. La declaración había sido firmada pero por más de 17 años fue ignorada de modo vergonzoso.

Con la vuelta a la democracia logramos alejar de nuestros pensamientos y convivencia esa extraña forma de relación entre el Estado y la civilidad. De la misma forma el tema de los derechos humanos empezó a olvidarse. Las nuevas generaciones no recibieron la información adecuada y hoy tocar el tema es casi una molestia para unos y una lata para otros. Los derechos fundamentales son inalienables y nos pertenecen a todos. La teoría dice que éstos son necesarios para asegurar la libertad y el mantenimiento de una calidad de vida digna y deben garantizarse en todo momento y en todo lugar.

Tener de visita a Ingrid Betancourt nos dio un momento para ver cómo en un país tan cargado de violencia como Colombia hay personas con tantas ganas de cambiar la situación, que tratan de abrir al mundo este conflicto que perdura y que más de 700 personas aún siguen secuestradas en alguna parte de la selva. Sin embargo, en muchas otras zonas de América se mantienen estas prácticas. Basta pensar en Guantánamo y en la forma primitiva en que ahí son mantenidos los prisioneros por parte de las autoridades estadounidenses.

Se comete un nuevo atentado contra la humanidad pero al mismo tiempo se inventa una justificación para invadir o para reprimir zonas alejadas, que supuestamente impiden mantener el dominio del poderoso sobre el débil. Al final, sabemos que si algún dictador como Sadam Hussein es un engendro, los únicos que reciben castigo están en el pueblo. Nadie más lo sufre, sea por mano del propio tirano o de aquellos que usando el subterfugio de la liberación atacan a los inocentes.

Los derechos humanos implican mirarnos como personas, reencontrarnos como miembros de un mismo planeta, ser capaces de ver que el otro es igual en condición y sentir y aprender a reconocernos como parte de una gran cadena en la cual cuando alguien no está considerado, entonces la calidad de la cadena se deteriora, o nosotros la deterioramos con nuestra prepotencia o con cualquier acto que haga a mi par indigno de su condición de persona. La cadena se fragmenta y no logramos la armonía del total. Sin duda, si esto lo entendiésemos y reconociéramos que es un ser humano no sería tema el derecho de las personas. No obstante, seguiremos hablando de ello cada vez que otro estúpido logre tomarse el poder o distorsionar las cosas en beneficio de sus caprichos.

Por todas las naciones que en pos de la unidad firmaron hace medio siglo la carta fundamental de los derechos elementales del hombre es que he querido rendir un homenaje y reconocer en la persona de Ingrid Betancourt a la dignidad humana, que siempre debe ser un tema que motive a colaborar para impedir que ésta se maltrate o se quebrante.

LAS NOTICIAS, OPINIONES Y ENTREVISTAS VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

EL SIDA Y LA VIOLENCIA HACÍA LA MUJER EN CHILE: ALERTA MÁXIMA.

Fuente: Equipo de Derechos Humanos de las Mujeres, Amnistía Internacional – Chile.

La violencia contra las mujeres se manifiesta de variadas maneras y en múltiples dimensiones en la sociedad actual. Una de estas formas viene de la mano de una epidemia mundial, el VIH/SIDA. Quizás a muchos les parezca extraño asociar el SIDA a la violencia contra las mujeres, pero ciertamente las mujeres adolecen de una vulnerabilidad especial a esta enfermedad, ya que son vulnerables social, cultural y biológicamente.

En los últimos años las tasas más altas de contagio se centran en mujeres, y en el caso de Chile en mujeres heterosexuales con parejas estables y monogámicas. La feminización de esta epidemia, está muchas veces asociada a episodios de violencia que las mujeres viven diariamente, y que por cierto se ve aumentada por las condiciones biológicas que aumentan las probabilidades de contagio de esta enfermedad.

Los patrones machistas de la sociedad han hecho que muchas mujeres dependan económicamente de sus parejas, haciendo que estas tengan limitadas posibilidades de negociación en cuanto a relaciones sexuales, además de la escasa información sobre el VIH/SIDA a la que tienen acceso las hace ser potenciales víctimas. Si a estas condiciones le añadimos que en sociedades como la nuestra existen mujeres que aún no se atreven a exigir el condón en sus relaciones sexuales, que aceptan que sus parejas tengan relaciones fuera del matrimonio o que son víctimas de violencia o abusos sexuales dentro de sus relaciones de parejas, la situación se vuelve poco auspiciosa.

Es evidente que el sistema sexo-género imperante favorece el contagio de VIH/SIDA en las mujeres y es por eso mismo que los desafíos para enfrentar esta epidemia son muchos y a todos los niveles. Una de las primeras tareas es desmitificar a los grupos vulnerables de contagio, porque que el SIDA se ha relacionado frecuentemente con la comunidad homosexual, pero se ha comprobado que son las mujeres las que ahora conforman los principales grupos de contagio.

La información es esencial en este proceso, y ahí cabe la responsabilidad de todos nosotros para sensibilizar a las mujeres con las que compartimos frecuentemente, y hacerlas saber que todas somos potenciales víctimas de contagio y que con sólo la responsabilidad y comunicación con nuestras parejas sexuales podremos evitar el contagio.

Es cierto que la sociedad machista en la que vivimos no la podremos cambiar de la noche a la mañana, pero si es cierto que podemos hacer pequeños cambios a favor de nuestra salud y sexualidad, y quizás desde ahí también podemos aportar a cambios más grandes. Seamos dueñas y dueños de nuestros cuerpos y responsables de los mismos, somos los únicos capaces de evitar contagiarnos a nosotros y a los que queremos.

Katherine Paez Orellana
Equipo Derechos Humanos de las Mujeres
Amnistía Internacional – Chile.