Cuando el ¡MACHISMO! es la víctima.

Fuente: Equipo de Mujeres Amnistía Internacional – Chile.

 

Desde el momento que la violencia contra las mujeres se visibilizó como un “problema” social y posteriormente un asunto de política pública, muchas han sido las campañas gubernamentales y de movimientos de la sociedad civil organizada que hemos podido apreciar. Estas campañas tanto comunicacionales como de asistencia a víctimas, han tenido logros positivos, como la aceptación de este fenómeno como una realidad transversal en todos los segmentos de nuestra sociedad, educacional, económica, social y culturalmente. También, han aportado a ampliar el concepto de violencia como una violación a los derechos humanos de las mujeres, ya no sólo como individuas sino también como género; en el acceso a derechos básicos económicos (destacando el de la salud y la propiedad), sociales y culturales (donde la etnicidad es un enfoque muy relevante de la intervención). Sin duda el enfoque feminista, también a logado relevar el empoderamiento de las mujeres para hacerse de estos derechos lo que, si bien no es tarea fácil, los logros obtenidos han ayudado a que hoy entendamos la necesidad de una sociedad determinada desde la diversidad y no desde herencia cultural normativa, característica de una visión machista basada en la desconfianza, el control y la dominación. Estos elementos característicos del machismo son también, en cualquier otro contexto y desprejuiciadamente, causa del ejercicio de la violencia.

Es en este sentido que creo, a pesar de la visibilización y calificación de la violencia contra las mujeres, no hemos podido como sociedad, terminar con estos hechos. Principalmente la causa se debe a que el enfoque criminalizador que contienen estas campañas, no hacen más que emitir un juicio a priori sobre quienes comenten los actos (tanto en los hechos constitutivos de delitos como aquellos de injusticia social), y no el acto en sí. No son “hombres,” son “criminales” y en este juicio también, la mujer no es sino la “víctima”. Un enfoque de víctima – victimario es también una agresión no sólo desde una perspectiva psicológica para la persona que es estigmatizada, sino producen también una generalización inconveniente para la real eliminación de la violencia que, creo necesario destacar, es el real problema. Los hombres en este contexto, pierden su condición de perfectibilidad, para transformarse en “potenciales agresores”; dejamos de ver a la persona. Las mujeres como “víctimas,”[1] pierden la posibilidad de enfrentar su vida sin miedo a cualquier amenaza, que por definición siempre les afectará de manera fortuita. Es decir que en este contexto, la mujer no tiene (al menos en la construcción de un discurso social), la posibilidad de “no ser” víctima (frágil, vulnerable, indefensa), argumento que en consecuencia, es epistemológicamente machista. No es menester en este artículo hablar de las agresiones que pueden ejercer las mujeres hacia los hombres o hacia los niños y niñas.

En cualquier conflicto, la construcción de su argumento se hace bajo la validación o reconocimiento de un/a agresor/a y un/a agredido/a. En esta construcción bidireccional, donde al mismo tiempo las partes se consideran agredidas, usan este argumento para aumentar la fuerza o frecuencia de su agresión, argumentando la defensa como causa de su accionar. Una victimización implícita sin duda, pero con una característica muy distinta al caso de victimización de las mujeres. Este concepto del uso de la violencia como “defensa,” se realiza bajo las premisas de miedo, desconfianza, control y dominación, características que ya visité como intrínsecas de cualquier construcción machista. Entonces, en esta forma de enfrentar la “violencia contra las mujeres,” los hombres se sienten justificados en su incapacidad de enfrentar el miedo (inestabilidad interna o externa), cuestión que les vuelve desconfiados y con incapacidad de ejercer control y dominar la situación sobre el otro o la otra, desatando la agresión. La masculinidad y su desconexión con el concepto de machismo, tampoco es menester en este artículo.

La comunicación que vemos hoy en la mayoría de las campañas, ponen a la mujer como víctima, mostrando su destrucción en los efectos de las agresiones físicas, psicológicas o sexuales (mujeres amoratadas, llorando o evidentemente atacadas físicamente o con sus ropas rasgadas). La destrucción, no es más que un trofeo de guerra, donde queda establecida la supremacía y la subyugación que logra quien triunfa. Es por eso que yo me he opuesto frecuentemente al uso de la lástima en la publicidad (publicidad social particularmente), porque finalmente, “la lástima, lastima la causa que se defiende.” El foco para superar la violencia contra las mujeres, tanto política como comunicacionalmente, debemos ponerlo en la eliminación de la violencia como forma legítima de relación o resolución de conflictos y con una propuesta concreta para vivir en la convivencia. Debemos esforzarnos con humildad por aportar a la construcción de una sociedad diversa, tolerante, y con el derecho intrínseco a equivocarse.

 

 

Pablo Galaz Esquivel

Director de la Agencia creativa “membrillo”, Comunicación Ética Sustentable.


[1] Según la Real Academia de la Lengua Española, los significados de “víctima” son:

1. Persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio.

2. Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra.

3. Persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita.

4. Persona que muere por culpa ajena o por accidente fortuito.

 

 LAS OPINIONES, ENTREVISTAS Y NOTICIAS VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

3 comentarios

  1. Deseo colaborar con Amnistía en todo lo relacionado con la violencia contra las mujeres.
    Quedo a vuestras gratas órdenes

    Cecilia Foncea

  2. Bueno, en verdad la violencia de género es un mal que nos rodea, pero los verdaderos responsables son los padres de los victimarios, Pues recordemos bien estas situaciones cotidianas.
    Hija: Pues tu anda a ayudar a tu madre a la cocina
    Hijo: Sientate en el sillon pues esto lo hacen las mujeres en la casa, el hombre manda.
    Hija: Haz la cama de tu hermano
    Hijo: Bueno como no la dejó hecha, la ahré yo, si para eso son las mujeres.
    Hija: Tienes que coperar en la casa, si no…Eres floja, una inutil, no sabes hacer nada.
    Hijo: salga no más hijo, regrese a la hora que quieras
    Hija: Si quieres un novio, pues tienes que ayudar más en la casa.
    Hijo: si llevas a tu novia pues que se quede
    Hija: que tu novio se vaya no más, pues es hombre.
    O sea vean lo que dije con las frases clásicas, la violencia de género comienza en la casa del agresor.

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