Violencia contra las mujeres en Darfur.

Fuente: Equipo de Mujeres de Amnistía Internacional – Chile.

 

El conflicto que sacude a la región de Darfur, Sudán,  desde el año 2003 ha dejado un saldo de aproximadamente 300.000 muertos y 2.500.000 de desplazados y refugiados. Si bien toda la población civil corre el mismo peligro en los conflictos armados, en este conflicto, específicamente, la mujer se ha visto violentada en todos sus derechos: derechos civiles, económicos, sociales y culturales.

 

Se utiliza a las mujeres en Darfur principalmente como arma de guerra, también son recurrentes la violación y otras formas de violencia sexual con el fin de deshumanizarlas, humillarlas, controlarlas e infundirles temor a ellas o a la población en general. Esta violencia también se produce en el transito hacia un campo de desplazados y de refugiados, en donde son violentadas por guardias fronterizos, policías, personas que se acercan a ellas con el fin de “ayudar a encontrar un lugar mas seguro para ellas”. También se cuentan los casos de violencia que sufren las mujeres por parte de los grupos armados en combate en los campos de refugio en el Chad. Lamentablemente, las mujeres que sufren este tipo de violencia quedan en el absoluto desamparado, ante el temor de quedar desarraigadas de su familia, y comunidad muchas tratan de ocultar lo que les ha ocurrido. Asimismo, quienes se atreven a denunciar estos hechos ven como sus denuncias quedan en la absoluta impunidad.

 

Darfur esta ubicado en una zona desértica, además de ser la región mas pobre del país, la forma que tienen para realizar labores como calefacción, comida, entre otras cosas, es por medio de recoger leña a los árboles o arbustos secos que se encuentran en el camino. Es así como en este simple hecho, representa uno de los mayores peligros para las mujeres, pues una gran cantidad de mujeres es violentada, abusada sexualmente e incluso asesinadas, mientras van en busca de leña necesaria para poder cocinar o hacer otros quehaceres en los campos de desplazados internos.

 

A pesar de ayuda que la comunidad internacional ha realizado para la protección de las mujeres, esta es insuficiente. Las fuerzas de paz hibrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas, instauradas en el lugar desde el 2007, en un principio pudieran otorgar protección a las mujeres que iban en busca de leña, agua o comida. Pero con el correr de los meses, al aumentar el número de combatientes rodeando los campos de desplazamiento, las fuerzas de paz han visto frustrado su intento de protección a las mujeres. Ante el recrudecimiento de la violencia y ante la falta de garantías de protección a las fuerzas de seguridad, ambos organismos decidieron retirar sus fuerzas, dejando las necesarias para labores menores. Desde entonces la protección a las mujeres es casi nula, viéndose expuestas a los abusos producidos por las fuerzas en combate.

 

Ante esta situación, las mujeres sienten rabia…mucha rabia. El desamparo, la violencia y la impunidad han llevado al rencor y a la sed de venganza. Es así como Amina relato a Amnistía Internacional el año 2007 que fue violada cuando iba a recoger leña junto a tres amigas para preparar comida. A pesar que no se alejaron mucho del lugar en donde vivían – ante el temor de sufrir algún tipo de ataque por los combatientes – fueron igualmente interceptadas por milicias árabes (leales al gobierno sudanés) con la intención de violentarlas. Mientras arrancaban, Amina fue capturada por uno de los hombres de la milicia, y luego fue violada por el resto de los milicianos, perdiendo el conocimiento. Al otro día,  cuando fue a denunciar los hechos ante la policía, su acusación no fue tomada en cuenta, porque en palabras del policía “estaba muy limpia para ser violada”. Amina, termina su relato diciendo “Ahora estoy bien y estoy casada, pero nunca olvidaré lo ocurrido […]. Creo que algún día me uniré a los movimientos (grupos de oposición) para vengarme de lo que me han hecho. Conozco a los hombres que me violaron. Siempre llevo un cuchillo conmigo; si algún día lo veo, o veo a alguno de los otros, no vacilaré en usarlo. Las imágenes de ese día se han apoderado de mi mente. No puedo decir que me haya recuperado completamente. La conmoción sigue siendo terrible. No confío en la policía y nunca confiaré en ella”

 

Esta es el rostro más oscuro de un conflicto que por si mismo es sombrío. La principales victimas: las mujeres. Pero no todo esta perdido. Ciento de mujeres en Darfur y en otras partes de Sudan se han organizado en comités locales para denunciar esta situación y para dar ayuda a miles de mujeres que necesitan de protección y alimento. A pesar del riesgo y la represión efectuada por el gobierno hacia ellas, cada día crecen y se expanden por todo el país.

 

 

Pablo Muñoz

Soporte

Amnistía Internacional – Chile

 

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