Brecha Salarial entre Mujeres y Hombres.

Fuente: Grupo de Mujeres, Amnistía Internacional – Chile.

 

Mª Soledad Granados Zambrano

Amnistía Internacional – Chile

Noviembre, 2008

 

Por diversas razones, he asistido varias veces a talleres y charlas para hombres y mujeres (donde el público está constituido principalmente por mujeres) en que el/la orador/a (generalmente mujer y nunca economista) incluye como uno de los ejemplos de la discriminación hacia la Mujer, la afirmación de que en el sector privado las mujeres reciben una remuneración menor a la que reciben los hombres por realizar la misma función. Dada su contundencia, y la de los datos que la respaldan, esta afirmación pocas veces es acompañada de una explicación un poco más profunda. Es por ello que en breves líneas me gustaría ahondar un poco en ella ya que, me permito adelantar, no es una frase tan simple y al mismo tiempo no carece de tanta lógica en nuestra cultura, como a primera vista puede parecer.

 

En primer lugar los datos reflejan claramente la existencia de esta brecha. En Chile, un análisis a partir de la encuesta CASEN 2000 señala que, a nivel global, existe una brecha salarial entre hombres y mujeres de un 35,7%[1]. En el mismo sentido en base a datos más recientes del INE, un informe elaborado por la OIT señala que “(…) Los últimos datos disponibles indican que las mujeres en 2005 ganaban, en promedio, el 79% en comparación con los hombres (…)”[2].

 

Ahora bien, ¿Qué reflejan estos datos? ¿Qué porcentaje de la brecha se debe a diferencias de productividad?, e incluso porque no preguntarse si ¿Significa que  los empleadores/as del sector privado en busca de maximizar sus beneficios, les pagan menos a las mujeres por que las odian? ¿Significa que las mujeres estamos menos preparadas que los hombres, que somos menos competentes por el sólo hecho de ser mujeres?, para responder estas interrogantes conviene ampliar datos y especificar un poco algunos puntos:

 

1º La tasa de participación laboral femenina se ha incrementado desde un 34,6% en 1997 a 38,5% en 2006[3]; y en los últimos dos años se incrementó desde un 38,5% a un 42%, según datos del Sernam. Pese a ello, sigue siendo una de las más bajas de Latinoamérica, esto podría deberse a que “(…) Las mujeres enfrentan mayores


[1] Selamé S., Teresita, “Mujeres, Brechas de Equidad y Mercado de Trabajo”, Santiago, OIT, 2004, Proyecto Género, pobreza y empleo en América Latina, página 72. Disponible en web: http://www.cinterfor.org.uy/public/spanish/region/ampro/cinterfor/ temas/gender/doc/cinter/mbre_ch.htm.

[2] Valenzuela, María Elena y Velasco, Jacobo, “Desafíos para la igualdad en el trabajo: Chile” en OIT Notas, Trabajo Decente y Equidad de Género en América Latina, mayo de 2007. Disponible en web: http://www.oitchile.cl/genero/Chile.pdf. El dato permite observar que la brecha salarial ha ido disminuyendo, lo que concuerda con las declaraciones de que la brecha salarial entre hombres y mujeres desde el 2006 se redujo cerca de un 4%, para ubicarse ahora en un 28%, según datos del Sernam, http://www.sernam.cl.

[3] Valenzuela, María Elena… op cit.

dificultades para insertarse y permanecer en el mercado del trabajo debido a múltiples discriminaciones y el reparto desigual de las responsabilidades familiares (…)[1].

2º Los tipos de trabajo que realizan las mujeres están mayormente asociados al ámbito del cuidado y de los servicios, que son trabajos a los que se asocia una menor remuneración, “(…) Estudios a nivel internacional muestran que las diferencias salariales entre sexos tienen su origen, de manera importante, en el hecho de que las mujeres tienden a estar segregadas en estructuras laborales predominantemente femeninas (…)”[2].

3º Escaza participación de las mujeres en los ámbitos de decisión y de poder. Esto es demostrado con los datos que reflejan que la brecha salarial aumenta con un mayor nivel de educación “(…) alcanzando el ingreso de las mujeres con educación universitaria apenas un 66% del de los hombres, lo que sería producto, entre otros factores, del sesgo a la contratación de hombres en puestos directivos (…)”[3]. Asimismo esta situación es evidente en el sector público.

4º Algunos estudios han efectuado mayores desagregaciones de datos, para hacerse cargo de algunas circunstancias relativas a la productividad, que podrían producir algunos sesgos[4], pero aún pese a ello las conclusiones siguen siendo que “(…) La mayor parte de la discriminación salarial, corresponde a discriminación pura, es decir,            está constituida principalmente por un subpago que castiga a las mujeres más que un sobrepago a los hombres. (…)”[5].

 

Ahora bien, repito las preguntas planteadas inicialmente ¿Qué reflejan estos datos? ¿Cuáles son las causas de estas inequidades? Aún más específicamente, ¿cuál es la causa de los porcentajes de discriminación pura hacia las mujeres? En mi opinión (y quien quiera puede manifestar su disconformidad) lo que ocurre es que vivimos en una sociedad estructuralmente conservadora, donde priman concepciones culturales discriminadoras hacia la mujer, arraigadas al fuero interno más íntimo de los ciudadanos y ciudadanas (¿Acaso alguno de los lectores/as no se respondió afirmativamente la última pregunta del tercer párrafo? ¿Alguien, al menos, lo dudó unos momentos? ¿Aún lo duda?). En una sociedad de estas características se comprende la escaza participación femenina en la fuerza laboral, la subvaloración del trabajo ejercido principalmente por mujeres (servicios, trabajo doméstico, trabajo no remunerado) y la escaza participación en los estratos de poder, entre otros. Por lo tanto, más que simplemente juzgar, lo que debemos hacer es sacar a la luz estas inequidades, replantearnos nuestras concepciones culturales más íntimas, preguntarnos porqué nosotros mismos subvaloramos el trabajo femenino, cuestionarnos qué características asociamos privativamente al género femenino y


[1] Valenzuela, María Elena… op cit.

[2] En “Discriminación salarial y segregación en el mercado laboral: un análisis de genero 2000-2006”, Documento Temático elaborado por MIDEPLAN como material de apoyo al Seminario Protección Social y Género, Octubre 2008. Disponible en web http://siis.mideplan.cl/seminario_genero/documentos.html.

[3] Valenzuela , María Elena… op cit.

[4] Como el hecho de que muchas mujeres igual de preparadas que los hombres perciben un menor salario por la misma función pues tienen menos años de trabajo (por los años dedicados a la reproducción) o por  la jornada de trabajo de las mujeres (puede ser de menor extensión), o por la segregación ocupacional: el tipo de trabajo que las mujeres realizan es menos valorado y remunerado, entre otros, todas cuestiones que inciden en la amplitud de la brecha, esto es, en que el salario de las mujeres sea efectivamente inferior al de los varones.

[5] Id. nota 5.

masculino en nuestra vida familiar y laboral y qué razones tenemos para hacerlo. De esta manera, quizás podamos encontrar mecanismos efectivos, más allá de la consternación o las meras críticas, para que estas desigualdades desaparezcan.

 

 

 

 

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