Amnistía Internacional critica a Uribe por “distorsionar” violaciones a los DDHH en Colombia.

Fuente: www.elmostrador.cl 

Un informe del organismo internacional refuta el optimismo del mandatario sudamericano, considerando que en el año 2007 305.000 personas fueron desplazadas y que al menos 190 fueron víctimas de desaparición forzada a manos de las fuerzas de seguridad y los paramilitares, o se encuentran en paradero desconocido después de ser secuestradas por la guerrilla.

Amnistía Internacional criticó este martes el heho que el Gobierno de Álvaro Uribe “distorsione” la realidad de la violación de los derechos humanos en Colombia y ofrezca una “versión optimista”, y le reprochó también que no reconozca la existencia de un “conflicto armado” en el país.

El director de Amnistía Internacional en España, Esteban Beltrán, presentó en Madrid el informe “¡Déjennos en paz! La población civil, víctima del conflicto armado interno de Colombia”, acompañado por Marcelo Pollack, investigador del Secretariado Internacional de Amnesty International para Colombia, y Nancy Fiallo, defensora colombiana de derechos humanos.

Beltrán afirmó que el Gobierno de Uribe da una “versión optimista” de la situación de los derechos humanos que no se corresponde con la realidad y que, además, niega absolutamente la existencia de un conflicto armado.

Además, señaló que, pese a la liberación del ex congresista Oscar Tulio Lizcano, su organización “no olvida los miles de secuestrados”, por lo que pidió su liberación “inmediata”.

El director de AI pidió al Gobierno español que “facilite y no bloquee” en la UE el examen que Colombia hará en diciembre ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y que se incluya al país entre las naciones con “gravísimas violaciones de los derechos humanos”.

Según el informe “¡Déjennos en paz!”, en 2007 hubo al menos 1.400 homicidios de civiles frente a 1.300 en 2006. De los casos en los que se conoce a los autores, las fuerzas de seguridad fueron responsables de al menos 330, los paramilitares de unos 300 y los grupos guerrilleros de alrededor de 260.

También se revela que hasta 305.000 personas fueron desplazadas en 2007 y que al menos 190 personas fueron víctimas de desaparición forzada a manos de las fuerzas de seguridad y los paramilitares, o se encuentran en paradero desconocido después de ser secuestradas por la guerrilla.

Por todo ello, Amnistía Internacional instó a todas las partes implicadas en el conflicto a que muestren la “voluntad política necesaria” para poner fin a los “abusos contra los derechos humanos”, y exhortó a la comunidad internacional a que “redoble los esfuerzos para lograr que las dos partes enfrentadas” los respeten.

En este sentido, Pollack reclamó “acciones efectivas” para no involucrar a civiles en el conflicto y llamó a las partes enfrentadas a que no den la espalda a este problema “condenando así a millones de colombianos al terror, la angustia y la miseria”.

El informe también dice que, pese al proceso de desmovilización paramilitar auspiciado por el Gobierno, estos grupos “siguen activos en varias partes del país”.

El director de AI en España aseguró que la raíz del conflicto está en la impunidad y es que, según el informe, sólo un 10 por ciento de los más de 31.000 paramilitares que, según el Gobierno, han sido desmovilizados han podido acogerse al proceso de “Justicia y Paz” que les concede beneficios judiciales a cambio de confesiones sobre su participación en violaciones de derechos humanos.

Alrededor del 90 por ciento de los paramilitares desmovilizados, continúa el documento, “se han beneficiado de amnistías de facto”.

Nancy Fiallo, que llegó a Madrid hace veinte días “protegida” por Amnistía Internacional tras sufrir en su país amenazas, reclamó a Uribe que llame públicamente a que se respete la labor de los defensores de los derechos humanos y no diga que éstos son “terroristas y que pertenecen a las FARC”.

Tras asegurar que entre junio de 2002 y diciembre de 2007 un total de 75 defensores de los derechos humanos fueron asesinados en Colombia, Fiallo aseveró que el Gobierno de su país debería hacer un “respaldo político” a la labor de estas personas.

En este sentido, Esteban Beltrán pidió al Gobierno español que siga apoyando y poniendo de relieve la labor de los defensores de los derechos humanos y los sindicalistas en Colombia.

EFE

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Publican “La jungla polaca” (Anagrama), el primer libro del periodista fallecido hace dos años. Kapuscinski regresa a casa.

Fuente: www.lanacion.cl Por Javier García / La Nación

Los protagonistas son sus compatriotas: habitantes de edificios desgastados de Varsovia, mendigos, hermosas mujeres campesinas. Más de veinte artículos escritos antes de los 30 años, para quien la ética era su jungla y aldea.

Nací en una parte de Polonia que ahora forma parte de Bielorrusia -contaba Ryszard Kapuscinski en 2002-, muy al este de Varsovia, fuera de nuestras fronteras actuales. Era la parte más pobre de Polonia y posiblemente de Europa. De hecho, sigue siendo muy pobre. Una tierra desgraciada, de pocos recursos y de una gran escasez”.

Un retrato de su tierra, de una casa tan grande y a la vez pequeña, que luego salió a buscar otras aldeas, con los mismos problemas y fronteras que la suya, como las imágenes que Kapuscinski retrata en “La jungla polaca”, su primer libro publicado en 1962 y que ahora es reeditado en una edición aumentada por Anagrama.

Veintidós textos, donde los protagonistas son sus compatriotas: trabajadores, habitantes de edificios desgastados de Varsovia, deportistas, mendigos, hermosas mujeres campesinas. Todo pasado por el ojo de Kapuscinski, quien tenía 30 años en 1962 y era reportero del semanario Polityka, de donde surge parte de estos escritos.

EL HOGAR DE LA GUERRA

Kapuscinski, quien registraba cada detalle en su bloc de notas, como un mapa prodigioso y denso, murió en enero de 2007, y su posteridad ha sido una verdadera legión de fieles seguidores.

“A veces me preguntan si no me quiero quitar el abrigo. O si me gustaría sentarme. Una vez me ofrecieron un caramelo; otra, un café. Acaricié la cabeza a una docena de niños y besé la mano a unas cuarenta mujeres. Ofrecí un cigarrillo a ocho hombres. A mí me lo ofreció uno. Tres señoras mayores dijeron que yo era joven; dos chicas jóvenes, que yo era viejo. Repartí sonrisas por doquier”, escribe el señor K en un pasaje de “La casa”, texto incluido en “La jungla polaca”.

Este, su primer libro, tiene la gracia de ser más intimista, antes de la gran aventura, de esos viajes por la Unión Soviética, por los países en conflicto, la revolución, la guerra, a miles de kilómetros de casa.

En “La jungla polaca”, su autor también sale del territorio natal, y describe un viaje africano. Allí le cuenta cómo cae en su país la nieve a un grupo de hombres, quienes sólo lo han visto en películas.

El autor del libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, deja en claro en el volumen su ética, descifrada en frases como: “Los habitantes de los países más o menos pobres -como Polonia sin ir más lejos- ofrecen su barata mano de obra; los países ricos se defienden, tiene de sobra donde elegir”. O “La guerra no construye casas”.

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