El sida, un problema cultural y de salud pública.

Fuente: www.lanacion.cl EDITORIAL.

Hasta ahora, la detección del sida ha estado rodeada de un excesivo secretismo, como si la situación de quienes están expuestos llevara a la condena moral e inclusive legal.

La epidemia mundial del VIH, el virus del sida, ha dejado en evidencia conflictos culturales y necesidades de salud pública de gran magnitud. Como se trata de una enfermedad de transmisión sexual, ha desatado un debate de carácter moral que influye a veces de manera decisiva en las posibilidades de poder prevenir la enfermedad.

Más allá de las pequeñeces del debate político, la situación desatada por la falta de notificación a 24 portadores del virus en Iquique y el fallecimiento de dos de ellos debido a que no recibieron tratamiento a tiempo, debe poner al conjunto de los chilenos en alerta para asumir las responsabilidades que a cada uno competen frente a esta grave enfermedad.

En primer lugar, si se asume que el sida es un problema de salud pública, dado su carácter contagioso, es evidente que el Estado tiene una responsabilidad respecto de ubicar a las personas que son portadoras, independientemente de su voluntad de enterarse de ello o no. La forma en que se debe ejercer ese deber estatal se encuentra definida en la Ley 19.799 de 2001.

En segundo término, esta responsabilidad del Estado no debería entenderse como eximente de la que deben asumir las personas, sobre todo aquellas de quienes saben conscientemente que han estado expuestas a situaciones de riesgo.

Hasta ahora, la detección del sida ha estado rodeada de un excesivo secretismo, como si la situación de quienes registran conductas de riesgo llevara necesariamente a la condena moral e inclusive legal. No debería ser así, porque prácticamente toda la población con vida sexual activa -la inmensa mayoría- se halla en esa situación ante la enfermedad.

Debido a este secretismo han contraído la enfermedad personas a las que no se puede atribuir responsabilidad de ningún tipo y que son víctimas de hechos de los que son agentes pasivos. Parece imprescindible una revisión de la normativa legal que haga más flexible la privacidad con que se debe informar a los portadores del VIH, en especial los mecanismos por los cuales se puede ubicar a las personas que se han efectuado el test de Elisa.

La promiscuidad sexual es una realidad que debe ser asumida como tal, más allá de las legítimas opciones filosóficas o religiosas que se tengan ante ella. De allí que las campañas de prevención deben ser mucho más explícitas respecto de los riesgos y las alternativas de prevención para enfrentar el sida de lo que han sido hasta ahora. La situación de Iquique debe crear conciencia en el sentido de que cuando no hay prevención lo que está en juego es la vida de las personas. Sólo la actuación mancomunada del Estado y de las personas permitirá prevenir esta epidemia que día a día cobra vidas en el mundo.

La ciencia ha avanzado en el sentido que los tratamientos para enfrentar la enfermedad pueden hacerla más llevadera, pero en ningún caso es una cura. Quienes detecten el mal a tiempo podrán tratarlo, pero serán portadores de un gran problema para ellos y sus familias, el resto de su vida. 

LAS NOTICIAS, OPINIONES Y ENTREVISTAS VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

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