En 1973, la Armada convirtió la casa de estudios en centro de torturas. La hora más negra de la Santa María.

Fuente: www.lanacion.cl Por Jorge Escalante / La Nación Domingo.

Efectivos de Infantería de Marina convirtieron sus patios y aulas en lugares donde los cientos de detenidos fueron golpeados y torturados. Al menos operó como tal hasta octubre de 1973, y fue la primera estación del calvario del sacerdote Miguel Woodward. La investigación judicial está en manos de la jueza Eliana Quezada, que ya identificó a los oficiales (R) que dirigieron las operaciones.

Amanecía cuando el 12 de septiembre de 1973, cuatro camiones de la Armada ingresaron con unos 80 prisioneros amarrados a la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM) de Valparaíso. El ingreso lo hicieron por la puerta de la avenida Los Placeres, en la parte alta del recinto. Los infantes de Marina, que se habían apoderado del campus, bajaron a golpes e insultos a los detenidos y los formaron en un patio. Ahora comenzaba para ellos el camino al infierno: el claustro universitario fue vaciado de estudiantes y profesores para ser utilizado, al menos hasta fines de octubre de ese año, como centro de detención y tormento tras la asonada militar.

Eduardo Catalán Cavieres era un joven militante del MAPU arrestado esa madrugada en la población El Progreso del cerro Los Placeres junto a dos hermanos y su padre. Desde esa población los llevaron hasta la Villa Berlín de ese cerro, desde donde los camiones partieron hacia la universidad. Hoy recuerda que sobre él subieron a otros detenidos.

En medio de la violenta recepción de los marinos a cargo del centro de detención, Catalán reconoció “a un teniente infante de Marina de apellido Benavente, que además conocía a mi padre, al que sacó a un lado”. Escuchó que su padre le dijo: “Pero ahí están mis tres hijos”, lo que de nada sirvió.

Catalán vio a decenas de prisioneros maltratados en el patio, y afirma que “ahí los marinos torturaron y golpearon a los detenidos. A algunos prisioneros los tenían ahí también por las noches”.

A Catalán lo condujeron desde la universidad a la Academia de Guerra Naval (AGN) en el cerro Playa Ancha de Valparaíso, que, de institución de formación de oficiales superiores en tiempos normales, pasó a ser el temido edificio gris de cuatro pisos cuya silueta, recortada en el cielo porteño entre nubarrones de invierno y arreboles de primavera, se divisa desde cualquier punto.

De la AGN, Catalán salió pronto, pero volvió a ser arrestado días después y llevado nuevamente a la UTFSM. Ahora el asunto era más serio: se trataba del sacerdote Miguel Woodward.

Esta segunda vez llegó al centro de detención instalado en dependencias de la universidad pocas horas después de que a Woodward se lo llevaran desde allí a la Academia de Guerra. El religioso había sufrido su primera golpiza. “Miguel era mi confesor y mi guía espiritual desde hacía mucho tiempo”, dice Catalán a LND.

Los infantes de Marina lo interrogaron acerca de los pasos del sacerdote, cuyas horas ya estaban contadas al 20 de septiembre de ese año.

Catalán reconoció en sus dos detenciones a algunos oficiales y suboficiales porque él mismo había sido parte de ellos: tras cumplir el servicio militar, antes del golpe, permaneció contratado en la escuela de Infantería de Marina.

La investigación sobre las detenciones que se llevaron a cabo en la universidad, y el destino de los detenidos, están hoy a cargo de la ministra de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Eliana Quezada, quien además indaga el crimen de Woodward y los sucesos a bordo de la Esmeralda.

La magistrada ya identificó al grupo de oficiales de Infantería de Marina que estuvieron a cargo del centro de detención y las actividades represivas que allí se llevaron a cabo, que no son los mismos que torturaron a Woodward en la AGN y que tuvieron que ver con su desaparición, a los que la jueza ya sometió a proceso a comienzos de este año.

SALA DE MÁQUINAS

Aída Rerequeo era entonces una joven militante comunista que vivía en el barrio de Recreo Alto, en Viña del Mar. Una mañana de comienzos de octubre de 1973 un furgón con marinos la fue a buscar a su casa. La subieron con la vista descubierta, por eso sabe que la llevaron a la UTFSM, y la ingresaron por la misma puerta de la avenida Placeres.

La metieron a una sala, “donde vi muchas maquinarias y una pequeña oficina”. La aislaron del resto de los detenidos para interrogarla en ese lugar lleno de metal.

“Después de unas horas, como yo no les decía mucho, llegaron otros de uniforme a apretarme más”, relató a LND. Desde allí recuerda que la trasladaron a la Academia de Guerra. Por esos recintos también pasaron el socialista Carlos Guerrero y su hijo, y la familia de Raúl González, según recuerda Eduardo Catalán.

Guido Saavedra Inostroza era un joven universitario porteño que después del golpe militar también engrosó las filas de las víctimas. Luego de permanecer detenido un tiempo en esta universidad, Saavedra salió a Argentina, donde se refugió. Pero del infierno cayó a las llamas porque, tras el alzamiento militar de 1976 en ese país, el 10 de enero de 1978, mientras estudiaba en la Universidad de Buenos Aires y trabajaba como operario en la industria Textil Gloria, fue arrestado en la capital argentina en el marco de la Operación Cóndor. Hasta hoy se encuentra desaparecido.

La jueza Eliana Quezada tiene adelantada la investigación acerca de los hechos que ocurrieron en la UTFSM, y se espera que pronto dicte las primeras resoluciones que podrían conducir al procesamiento del grupo de oficiales de Infantería de Marina, hoy en retiro, que estuvieron a cargo del episodio más oscuro que ha ocurrido en este prestigioso centro de estudios superiores cuyo interventor tras el levantamiento armado fue el delegado de la Junta Militar, contralmirante Juan Naylor Wieber.

LAS NOTICIAS, ENTREVISTAS Y NOTICIAS VERTIDAS EN ESTE BLOG, NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE AMNISTÍA INTERNACIONAL – CHILE.

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OIT oficializa la ratificación del Convenio 169 por parte de Chile.

Fuente: http://www.observatorio.cl

 

Finalmente, tras diecisiete años de tramitación legislativa y más de seis meses después de que el Senado aprobara el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, la OIT notifica la ratificación de dicho texto por parte del ejecutivo chileno. Con esto, termina el largo proceso de ratificación para que Chile adhiriera a dicho Convenio, conviertiéndose en el vigésimo país que ratifica el Convenio 169 y el decimotercero en América Latina.

 

Ahora comienza un nuevo proceso, orientado a la implementación de los derechos y mecanismos establecidos en dicho Convenio dentro del marco jurídico chileno. El Estado de Chile tendrá un año para hacer aquellas adecuaciones.

Todavía las autoridades no se han pronunciado al respecto.

Queremos señalar que esta ratificación sin declaración interpretativa fue, sin duda, producto de las movilizaciones organizadas por los propios pueblos indígenas, sectores de la sociedad civil y defensores de derechos humanos.

Confirmación de ratificación:

http://www.ilo.org/ilolex/cgi-lex/ratifcs.pl?C169

 

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