LA DISCRIMINACIÓN TIENE REMEDIO.

Fuente: www.chilediverso.cl

Chile aspira a ser la ´copia feliz del Edén´ y para avanzar en eso se requiere (…) una verdadera revolución del corazón. Esta se basa en comprender que la humanidad es una, que todas las personas tenemos los mismos derechos y que su disfrute debe ser universal”

*Por Sergio Laurenti
La discriminación es un mal social que ha sentado sus reales en Chile. Tristemente  un país; que tiene una historia muy reciente de crueldad, persecución y exclusión, donde muchas personas debieron dejar Chile para refugiarse en muchos rincones del mundo donde fueron acogidas; tiene en contrapartida una marcada práctica del rechazo, y exclusión de quien es diferente

 

Aunque sufren discriminación diversos grupos sociales, uno de los mayores denominadores comunes es la pobreza. Personas pobres sufren la exclusión justamente en aquellos derechos que impactan más en la reducción del efecto de la pobreza: el acceso a la salud, la educación, la justicia y la seguridad.

Es así que discriminación y pobreza van de la mano, apoyada en ciertos comportamientos sociales que acentúan el desprecio por el Artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”

Lo que está en juego es la dignidad humana, que se consagra en la igualdad, un valor que se ha atesorado desde el comienzo de la nación. Pareciera que los comportamientos discriminatorios se han integrado tanto a la cultura del país, que se transfiere como parte de la actitud de ciertos estratos de clase, y se refleja en actitud, lenguaje, y llega a extremos de ser celebrada como conducta esperada.

La educación formal y en el ámbito familiar tienen un papel esencial en apoyar un cambio de conducta en la lucha contra la discriminación. Mientras que se necesitan más instrumentos legales para protegernos de la discriminación, aún en sus formas más sutiles; la existencia de éstos instrumentos “per se” no garantizan la adopción de conductas sociales saludables.

Hay un mapa de ruta trazado en la “Agenda de Derechos Humanos para el Bicentenario ”, una iniciativa de la sociedad civil, liderada por Amnistía Internacional y que cuenta con apoyo de una treintena de organizaciones. Esta agenda plantea algunos temas tales como:  

    -Conferir rango constitucional a la normativa que prohíba la discriminación.   

    -Ratificar instrumentos internacionales existentes sobre la materia, como la “Convención Interamericana contra el racismo y toda forma de discriminación” y el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. 

    -Promover la erradicación de la discriminación contra las mujeres en edad fértil en los planes de Isapres.

    -Participar activamente en foros internacionales oponiéndose a toda política estatal que legitime actos de discriminación arbitraria.   

    -Desarrollar una política educacional básica y obligatoria, dirigida a promover el respeto a la diversidad.
 
    -Derogar expresamente toda normativa penal que ampare la discriminación arbitraria, tales como los artículos 365 y 373 del Código Penal. El primero establece sanciones para relaciones sexuales homosexuales con menores de 18 años y mayores de 14 y el segundo sanciona, en abierta contradicción con el principio de tipicidad, las denominadas ofensas al pudor, la moral o las buenas costumbres.    

    -Adoptar medidas dirigidas a promover, respectar y proteger los derechos de los pueblos originarios reconocidos en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y, en especial modo:

    -Eliminar toda forma de discriminación arbitraria en los procesos de selección y en el desarrollo del Servicio Militar Obligatorio.

Esto es parte de una larga lista, que es difícil de condensar y que se lee con dolor. Chile aspira a ser la “copia feliz del Edén” y para avanzar en eso se requiere, además de buena legislación, acceso a la educación y disociarnos de malas prácticas- una verdadera revolución del corazón. Esta se basa en comprender que la humanidad es una, que todas las personas tenemos los mismos derechos y que su disfrute debe ser universal.
 
 *Director Ejecutivo Amnistía Internacional Chile.

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